lunes, 14 de diciembre de 2009

Haciendo cola para nacer

A las 6:30 de la madrugada del pasado sábado 4 de diciembre de 2004 dejó de existir, víctima de paro cardio-respiratorio, un grande de corazón, el sastre José Luis Vanucci, cuyo deceso constituye una irremplazable pérdida para la comunidad de vecinos de Villa Urquiza. Con motivo de sus sensible fallecimiento: sus hijas, Pilar, Patricia y Paz; su hijo Pablo; sus nietas, Macarena y Micaela; participan que sus restos estarán siendo velados en... (sigue)

Dotado de una envidiable destreza para la aguja y de una tenacidad sin límites a la hora de jugar al billar. Estuvo frente a su negocio hasta principios del 2003, año en que tuvo el famoso accidente que recordarán todos los vecinos, en el cual... (sigue)

Ante su dolorosa pérdida física, queda para la posteridad su bella obra como padre de tres hermosas mujeres y el inolvidable disfraz de monito como estímulo para el crecimiento artístico de su hijo... (sigue)

Camine hacia la casa de mi vieja, había sido un día durísimo. Cuando un ser querido viene de una larga convalecencia uno desea su muerte, su paz. Terrible historia, oscura, una situación de mierda. La noticia de la muerte de mi viejo -no lo voy a negar- fue un alivio. Desde hacía un año que...

- Pablo- mira hacia la voz.- Me enteré de lo que pasó.
- Sandra...- era Sandra MuchoTiempo.
- Lo siento mucho- y me abrazó, la deje.

¿Cantidad de años en que no me cruzaba con Sandra MuchoTiempo? Infinitos. Muy de vez en cuando la veía tomar el tren en Drago o caminar por Acha hasta Monroe... y yo haciéndome el boludo. Lo que generalmente hacia en estas situaciones era caminar más lento, mirar para otro lado, así durante años. No quería volver a verla nunca más en mi vida, desde aquella conversación a la salida del Banco Galicia. Ahora, todas esas actitudes me parecían tan estúpidas, tan sin sentido.

Deje que Sandra me diera ese abrazo, que yo tanto necesitaba.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Yo te avisé

El amor es un lenguaje -imposible de definir- que encierra un montón de secretos. Dicen que el amor es como una gran Babel, donde los futuros enamorados van dando vueltas sin encontrarse. O, mejor dicho, buscando su par. Es decir, dos personas, un mismo idioma. Así se empieza. Esto es lo que llamamos “el ideal”, es lo que golpea nuestra puerta una vez sola vez en la vida. Ahí es cuando el amor empieza a tomar forma de “nosotros”. El amor se transforma en una especie de afecto que no se puede romper, es un tipo de lenguaje que no se puede definir, es un sentimiento que no puede expresarse. Es la combinación de dos almas puras -perdón, “puras” no, dispuestas-, la comprensión mutua de dos personas que no necesita ningún soporte físico. Es un mismo lenguaje, algo vinculante a un montón de aspectos: una charla con un tema en común, una mirada, un gesto. Y Victoria me había guiñado el ojo, esa era mi puerta abierta. Eso era el “seguí intentando”, “seguí buscando”.

- Pablo, estoy re borracha- me dijo Mariana.- ¿Vamos?
- Mariana, vení conmigo- agarre a Mariana de la mano, y la lleve hasta donde estaba Victoria con dos amigas.
- ¿Te puedo molestar un segundo?- le pregunté con total impunidad. Victoria se acercó.- Ella es Mariana, es mi mejor amiga. Mariana esta muy borracha y necesita que alguien la acompañe a su casa. En este caso, yo tengo que cumplir ese rol. El problema es que...- le apreté el brazo a Mariana.
- El problema es que...- Mariana gesticulo como si fuera una nutria enjaulada.- Tenes que darle el teléfono a mi amigo, porque sino es capaz de quedarse toda la noche acá.
- Y no voy a poder llevarla a su casa- termine la frase porque tenía miedo que Mariana siga hablando y vomite entre los pies de Victoria.
- El problema es que... no tengo celular- dijo Victoria.
- ¡Pero cómo! Todo el mundo tiene celular. ¡Dios!
- Bueno, yo no uso celular.

En este punto de la charla y de la noche, había algo clarísimo. Había llegado al subsuelo del encare, utilice la borrachera de Mariana, y nada. Victoria no tenía la más mínima intención de vincularse. Y yo no estaba tan borracho como para seguir insistiendo. Estaba a punto de dar la batalla por perdida.

- Dame el tuyo- dijo Victoria.
- No me vas a llamar- retruque.
- No lo sabes.
- Si que se.
- No, no sabes.
- No me vas a llamar- me cruce de brazos.
- ¡Dale el teléfono, Pablo, por Dios!- grito Mariana y corrió buscando la salida tapándose la boca.
- Tu amiga va a vomitar- Victoria señaló el recorrido realizado por Mariana.
- No me vas a llamar- gruñí mientras anotaba mi número telefónico.
- ¿Sos de Urquiza?- dijo Victoria mirando el papel.
- Si... ¿Vos?
- De Belgrano.
- ¡Pablo! ¡Por el amor de Dios! ¡Me muero! - los gritos de Mariana interrumpieron cualquier posible acercamiento.

El taxi agarró por Córdoba. Mariana hizo que el conductor frenara dos veces para vomitar, la dejé en la puerta de su casa, de la misma manera que ella lo hizo cientos de veces conmigo.

Esa noche dormí muy bien, estaba cansado y el alcohol había logrado relajarme lo suficiente.

Me despertó el teléfono, a las 7 de la mañana. Era Pilar.

- Pablo... acaba de fallecer papá.

Así empezó el 4 de diciembre del 2004.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Espejito, espejito

Es una hecho que estar enamorado es una sensación por demás agradable. Los que saben, dicen que sienten que el corazón late más rápido, sin agitarse. Es raro, no hay un efecto cardíaco semejante. Eso es imposible. El corazón no puede latir rápido sin que el ser humano este agitado. La excepción que hace a la regla es un extraño tipo de taquicardia, seguida de muerte. Nadie la ve venir, pero cuando viene, mata. Sin avisar, así nomás. Como el amor... Como el aquel día, hace 5 años...

La charla con Mariana Pizza se prolongó, incluso después que la barra cerrara el Happy Hour. Sentados en unos sillones, bebimos en silencio una botella de New Age, probablemente lamentándonos por nuestros fracasos amorosos. Generalmente, la gente hace esas cosas cuando el alcohol empieza a nublar la mente. Decidí dar una vuelta por el pub, mientras pensaba en lo mucho que estaba tomando cada vez que salía. Por desgracia, aquella noche mi compañera de copas era Mariana. O sea, un verdadero desastre. Cuando Mariana terminó su última copa de New Age ya estaba besándose con el primer boludo que se le cruzó enfrente. Así que me dediqué a recorrer el boliche.

Me considero una persona que puede ser capaz de cualquier cosa con tal de lograr que una mujer le de su número de teléfono. Mínimo, el número el teléfono. ¿Por qué? Porque me gustan mucho las mujeres, me encantan. Y siempre tuve en claro una cosa, que si yo no voy a buscarlas, ellas no van a venir. El espejo se encarga de recordármelo todas las mañanas. He llegado a planear tácticas magistrales, otras no tanto y otra realmente, humillantes. Y quiero dejar algo: no me arrepiento de ninguna.

Por eso, cuando vi que Victoria se dirigía a la barra, solo quedaba una opción: la humillación. Me acerqué a ella, muy sigilosamente, y le toque el hombro con mi dedo índice, tres veces.

- Si, ya se... es muy probable que sea el flaco número 14 que se acerca para intentar chamuyarte. Pero mira el lado bueno, soy el único de los que esta acá que leyó It- tenía que dejar de hablar de It ya mismo o la iba a manquear de nuevo.- Bueno, cuestión que con esos ojos, si es que funcionan tan bien como se ven, tampoco me des mucha bola... Gordito, pelado, un desastre... ¿Qué caradura? Y no se, arriesgado diría yo, es arriesgado pensar que me vas a dar tu teléfono... Y más a alguien como yo. Alguien “cualquiera”. Si, arriesgado. Bueno, al grano: ¿cómo te llamas, “chica It”?
- Victoria- recibió sus tragos del barman.- Y tenes razón, no le doy mi teléfono a la gente que no conozco.
- Me llamo Pablo- tome aire.- Me gustan las mujeres con un manejo excepcional del sable láser y las armas de corto y largo alcance en el Counter Strike. Si, me junto una vez por semana a viciar unos tiros con mis amigos... Aunque si de eso depende un café con vos puedo pasar el día.
- Bueno, pero...
- No termine- levante la mano para frenar su huída.- También me gustan las minas que pueden pensar venganzas épicas, llenas de sangre y muertes, las que desarrollan software para terroristas, las que tienen una habilidad sublime para molestar a los empleados de "soporte técnico" de celulares, las que saben en qué bajada salir cuando van por la General Paz a Tigre, y corto acá para no aburrirte...
- ¿Estas muy borracho, no?- me estudió.
- Si... Gordito, pelado, borracho y sin tu teléfono. ¡El mundo es una mierda! ¿Me vas a rescatar o me tiro en el próximo movimiento de traslación?
- Rotación.
- ¿Qué?
- "Rotación”, queres decir. Es lo que hace la Tierra por día, supongo que queres decir que te vas a tirar dentro de poco. “Traslación” es lo que dura un año, alrededor del Sol.
- Uy, sos re nerd. Que nerdita.
- Esa no es una buena respuesta de alguien que quiere mi teléfono- me guiño el ojo y se fue con sus amigas.

Ese fue el segundo intento de la noche.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Love actually

“¿Existe el amor realmente? ¿qué carajo es el amor?”, yo no entiendo por qué todo el mundo hace tanto problema preguntándose esto.

La mayoría de las personas dice “el amor es increíble”; pero -aún así- siguen lastimándose día a día, se lastiman en nombre del amor. Las mujeres se la pasan llorando porque “mi novio no me escucha”. Los hombres se quejan porque “ella no me entiende”. Dejar de amar, duele. Que nos dejen de amar, también. Esa es la cruda realidad. No hay vueltas ni lugares oscuros, es así de sencillo. Duele mucho.

Pero hay algo que duele más, es no haber amado nunca. Y esto -ya lo se- es un maldito cliché. Hay uno peor, y es: no haber intentado amar nunca. Todas las personas del mundo, deberían entregarse por completo a ese cliché y decir “te amo”. Ese es el intento que vale, porque si no funciona, nos queda el aprendizaje. Para bien o para mal, esa es la historia de mi vida: los intentos, intentar ser feliz.

Ahí estaba yo -hace cinco años- , frente a esa sonrisa increíble, y esos ojos verdes radiantes. Y tenía que decir algo, tenía que decir algo mágico, perturbador y significante. Algo que haga valer el intento.

- Bip bip, Richie- dije, imitando al payaso de It. Un segundo después de decir eso, me di cuenta que lo que acababa de decir era una tremenda pelotudez.
- De nada- dijo Victoria, y volvió a sentarse con sus amigas.

Por supuesto, ella siguió su camino huyendo del borracho que intentaba seducirla con frases de It. Bueno, todo no se puede, pero al menos lo había intentando. De eso se trata, de intentarlo.

Ese fue el primer intento de la noche.

martes, 8 de diciembre de 2009

Tonto rompecabezas

Dos días antes de mi despedida de soltero, estaba tomando un café con Mariana Pizza en la Del Carmen de Cabildo y Monroe.

- ¿Qué es lo primero que miras en una mujer?- me preguntó Mariana
- Piernas, culo, boca, tetas... en ese orden- la lista fue bastante fácil; aún así, me quedé pensando.- No, espera… a ver…

Con el fin de responder correctamente a su pregunta, realicé un pequeño trabajo de campo recordando un par de detalles puntuales de las tres mujeres de mi vida.

El día que conocí a Sandra MuchoTiempo ella tenía puesta una remera verde. Odio el verde… pero ese culo fue inolvidable. Me causa gracia hablar de Sandra y pensar que lo único que puedo decir de ella es que tenía un culo increíble. Después de tanto tiempo juntos. No dejaba de ser un detalle que me causaba gracia.

Con Jorgelina Pecas fue distinto. Los ojos de Jorgelina eran de un color tan intenso que enmarcaban su rostro decorado con pequeñas pecas. No era linda en el sentido estricto de la palabra, pero tenía una confianza en su cuerpo que cada gesto la convertía en una mujer sexualmente perturbadora. Sus ojos eran... Verdes. No, grises. No... creo que eran celestes. Creo que si. Después de tanto tiempo sin verla, me había olvidado del color de sus ojos. ¿Cuánto hace que no nos cruzabamos? ¿Un año? ¿Seis meses?

Y Victoria...

- Y entonces, ¿qué es lo primero que mirás en una mujer?- me preguntó Mariana.
- La verdad… no tengo la más puta idea, Marian- respondí, al fin.

El día que conocía Victoria la mire directamente a los ojos. Eran verdes, y no mire nada más. Creo que eso fue todo lo que necesite para avanzar, su sonrisa y su mirada.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Comunicado # 3

Este sábado fue mi despedida de soltero. Todavía intento recuperarme y bajar el nivel de alcohol en sangre que tiene mi cuerpo. Sepan disculpar las molestias. Hay mucho que contar, todavía. Paciencia que ya llegamos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

El club de los perdedores

- Perdón, Pablo, si hubiera sabido que Sabrina tenía tan poca onda...- se excusaba Mariana Pizza. - Una boluda.
- Ya fue, Marian- resigné mi bronca en un suspiro.

Sabrina Rebote me dejo caramboleando entre las paredes cincuentosas de ese pub, saludo a Mariana y se fue. “Tenía que despertarse temprano”. Podría haber elegida alguna excusa mejor. Por suerte, Mariana se quedó un poco más. Fuimos a la barra, todavía estaba vivo el Happy Hour y pensamos aprovechar con un par de tequilas.

- Parecemos los personajes de It- sonreí. It es un libro de Stephen King que recomiendo con ganas.
- El club de los perdedores- murmuró Mariana.

El libro tuvo una pésima (o genial, según a que edad uno la mire) adaptación para la televisión. Canal 9 se encargó de contaminar nuestras mentes y noches de insomnio con un doblaje maravilloso, lleno de citas increíbles. “Me preocupas, Beverly... a veces me preocupas mucho”. “Flotan... todos flotan aquí abajo”. Maldito payaso. ¡Maldito payaso! Lo mejor del libro (y la miniseria de televisión) era ese retrato espectacular de la infancia de los protagonistas, el club de los perdedores. Los siete protagonistas eran chicos unidos por una vida de mierda, una miseria atada a viejos temores, intentando constantemente superar eso. Ser felices.

Después de apurar dos tequilas más, colgué pensando en un montón de cosas. En el laburo, en la soledad, en una rubia que estaba bailando sola en un rincón, en Jorgelina Pecas, en las tetas de una morocha que se paseaba impunemente entre la gente, en Natalia Halloween, en el escote de una pelirroja de una mesa cerca de la máquina de canciones, en los chicos, en las vacaciones que se acercaban, en una petisita divina que correteaba entre las mesas, en las ganas que tenía de ser feliz... Pero feliz en serio, feliz de verdad. La pollera hiper corta de una flaquita que camina hacia el baño me hizo perder el hilo de... También pensaba en lo mucho que estaba laburando y cuando mis pensamientos se volvieron más circulares y redundantes...
- Che, Marian... ¿Sabés? Yo me acuerdo de todos los personajes principales de It- le di un codazo para despejarle la borrachera.
- Siempre tuviste buena memoria, Pablito- Mariana bostezo.
- El Club de los Perdedores...- suspire y empecé a enumerar.- Ben Hanscom, Eddie Kapsbrak, Beverly Marsh, Mike Hanlon, Bill Denbrough, Stan Uris y...
- ¿Y?
- Y...- pensé y me ahogue en mi propia laguna, nadar entre miles de nombres no es bueno, era imposible hacer pie.- Y... ¡La puta madre! Ben Hanscom, Eddie Kapsbrak, Beverly Marsh, Mike Hanlon, Bill Denbrough, Stan Uris y...
- Richie Tozier- dijo una voz al lado mío, junto a la barra.

Gire y ahí estaban los ojos verdes más hermosos que jamás había visto.

Ahí estaba Victoria.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Keep the faith

Una relación de rebote es el que comienza poco después de la ruptura de una relación sentimental importante. Esto se conoce como “relación de rebote”. Bien, lamento comunicarles, estas relaciones están destinadas al fracaso.

En este caso, me usaré de ejemplo para ser más gráfico. Luego de una relación intensa y genial con Jorgelina Pecas caí en las redes vocales de Alejandra Canta. Rebote en Alejandra, tuvimos una relación de rebote, duró un par de meses, fracaso, todos amigos, aquí no ha pasado nada.

Una persona en el rebote, pasa a una nueva relación, sin tomarse el tiempo para sanar el fracaso de su relación anterior. El “rebote” es -sin dudas- una distracción al dolor anterior y una solución rápida para la autoestima dañada.

Luego de una mala ruptura, una persona en el rebote puede estar en un estado de confusión emocional importante. Puede seguir rebotando... seguir penando, seguir rebotando. Y volvemos a caer en Natalia Halloween, en donde el rebotador sigue su juego de caer en relaciones sin sentido, buscando las respuestas al fracaso de la relación anterior.

Lo bueno de estar en “relaciones de rebote” es que uno elabora cierto duelo con respecto a la primera relación, a la originaria y poco a poco se va recuperando. Uno comienza a ver esa relación original como una perdida de tiempo. Eso esta bueno, ahí es cuando el rebote sigue tomando impulso... y llegamos a Sabrina Rebote.

Lo malo de todo es las “relaciones de rebote” nos plantan en una cumbre de éxitos, nos hace sentir dioses de la seducción. Es cuando el rebotador deja la vida lo lleve a vértigos increíbles... Sólo el tiempo esta delante de nosotros, la necesidad imperiosa de querer más y mas. Es cuando el rebote cobra un impulso inesperado.

Los psicólogos suelen ver al “rebote” como una herida (¿acaso no lo es?) y a cada “relación de rebote” como los medicamentos recetados. Entonces, llega el momento que -como cualquier herida- cicatriza y la “cascarita” empieza a caer... dejando ver la herida totalmente curada. Ahí es cuando el “rebotador” deja de rebotar...

O mejor dicho, rebota de otra forma, más mundana y terrenal.

Y todo esto para decir que Sabrina Rebote no me dio ni pelota en toda la noche. El consuelo del rechazado.

Evidentemente, no le gusté. Mariana no sabía donde esconderse. Sabrina fue inmune a todas mis tácticas de levante, le hice todos los personajes habidos y por haber... el simpático cuentachistes, la boludo redimido, el gordito copado y torpe... Todos y nada.

Como decían en el barrio... rebotaste.

Por suerte, la noche todavía no terminaba.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ella vendrá

¿Conocen a tipo que se llamaba Babe Ruth? Este señor fue uno de los jugadores profesionales de baseball más populares de toda la historia. El Gran Bambino -como le decían a Babe- es el único jugador en toda la historia de ese deporte que tiene dos records. El primero, el mayor números de “outs”. Esto es, cuando la pelota es arrojada, y el bate corta el aire sin golpearla durante 3 veces (el famoso “strike 3”); el bateador es eliminado del campo de juego. El segundo record de Babe Ruth es el “home run”. Esto sucede cuando el bateador le pega tan fuerte a la pelota que la vuelva inalcanzable para el equipo contrario. De esta manera, el bateador deja caer el bate y comienza la corrida de bases hasta llegar a completar la vuelta al campo. Eso es el “home run”, al corrida limpia. Babe Ruth tuvo los dos records. Entonces, cuando el Sultán del Bate -también le decían así- cortaba el aire sin pegarle a la bola, los relatores de aquella época decían “seguí pifiando, Babe, seguí pifiando… eventualmente le vas a pegar a una”. Porque los intentos valen… ¡y como!

Lo mismo debería suceder con las mujeres. Cada intento es único, y si sale mal… al menos tiene su momento, su gloria, el rebote y volver a intentarlo. Esta bueno rebotar… porque esta bueno ganar, también. El éxito se disfruta más, claro. Pero el camino recorrido lo vale también. Los intentos son geniales.

“Tengo una amiga para presentarte”, decía un sms de Mariana Pizza.
“Cuándo y dónde”, respondí. La idea era seguir intentando… siempre. Eventualmente podría volver Jorgelina Pecas. Si, todavía pensaba en eso. Me dolía la ausencia, y más me hacía bolsa el desamor, la falta de compromiso. Por eso me dedique a jugar… Primero y sin problemas, con Natalia Halloween. Y ahora, con la amiga de Mariana, seguir intentando.

La cita era un bar sobre la calle Reconquista, un tipico after office. Muy de moda, estilo ‘50´s. En esa época, teníamos un laburito con Gabriel en una empresa de comunicaciones, haciendo los brief de sus productos y un poco de comunicación interna. Un embole, así que después de las tres horas obligadas en el piso de la empresa, fui a encontrarme con Mariana y su amiga. Antes de llegar al lugar, mientras caminaba por Reconquista, la llame para avisarle que estaba llegando.

- ¡Pablito! Dale, mi amiga esta en el baño, ya estamos acá.
- Estoy a dos cuadras, Marian.
- Genial, llegó la hora de pagar mi promesa.
- ¿Perdón?- pregunté sin entender nada.- ¿Qué promesa?
- Uy, dios… ¿Te acordas la vez de Locos por el Fútbol? El día que se comprometieron Martín y Cecilia…
- Tampoco me acuerdo de eso. Creo que ese día estaba muy borracho, Marian.
- Si, estabas muy borracho, pero no pense que era para tanto. Bueno, nos vemos acá. Besos.

Camine las últimas dos cuadras tratando de hacer memoria. ¿De qué promesa me hablaba? Nada. Entre al bar, la decoración me gustó mucho. Fotos viejas, chicas pin-up en las paredes, viejas glorias del deporte… Bonavena, Fangio, Babe Ruth, Muhammad Ali… Busque entre las mesas y ahí estaba Mariana con su amiga. Con la mejor sonrisa de pelotudo me acerqué a la mesa.

- Pablo… ella es Sabrina- nos presentó Mariana.

Fue el 3 de diciembre del 2004 cuando seguí intentando, seguí intentando… hasta que (eventualmente) llegara mi suerte.

Y así fue, la misma noche que conocí a Sabrina Rebote, también la conocí a Victoria.

martes, 1 de diciembre de 2009

Pupilas lejanas

Estar obsesionado con la belleza y otros atributos socialmente deseables (buen culo, tetas tremendas, etc.), contribuye a la “virginidad por osmosis”. Esto es, a no ponerla nunca porque ninguna mina nos viene bien. Los tipos que buscan la perfección, son los tipos que cuando la mas linda de la fiesta les dijo “no”, se quedan solos y triste en un salón mirando el culo de “una no tan linda” sin encararsela. A todos nos gustan las minas lindas, porque las consideramos como trofeos de guerra. Por eso, sabía que no me iba a enamorar nunca de Natalia Halloween, aunque tuviera los ojos y la cara de Nicole Kidman. La gracia de todo -desde el principio- fue el desafío de conquistarla.

Claro que fui al Shamrock. Natalia Halloween apareció cubriéndome los ojos mientras me susurraba al oído un orgasmico “viniste”. Estuvimos charlando dos horas sin parar, muy cerca, la clásica conversación boca/oreja que se tiene en lugares con música fuerte.

Continuamos la charla en mi departamento, hasta las dos de la mañana. Si me preguntan de qué, les tendría que mentir, ni me acuerdo. Cerca de las dos y media, Natalia fue al baño, yo busque las llave para acompañarla a buscar un remis.
- Te acompaño, se hace tarde- le dije.
- Mañana no trabajo…- sus ojos se iluminaron como los de un gato.
- Entonces, podes quedarte toda la noche…- apoye las llaves en la mesa, y me acerque cautelosamente.
- ¿Es una propuesta?
- Con toda la indecencia del mundo, Natalia- puse una mano en su mejilla y le di un beso, empujándola suavemente contra una pared. Tenía dos tatuajes y unos hombros riquísimos, se que quieren saber eso.

Cuando el sol asomaba por la ventana de mi dormitorio, Natalia se despertó y preparo unos mates. Desayunamos, la acompañe a Drago a tomarse un tren. Natalia Halloween era una belleza de mujer.

Nos vimos dos o tres veces más. A finales de noviembre del 2004 ya empecé a aburrirme. Si, fue raro. Di el primer paso, cortamos sin dolor. Creo que le hice un favor. Seguramente no faltaba mucho para que ella me dijera que no duraríamos mucho más.

Lejos, Natalia Halloween fue la mujer mas hermosa con la que soñé estar. Era la chica poster, la de mirada felina que vigila tus noches desde la pared, la inalcanzable. Fue una mina importante, a pesar de haber salido un mes. Para mi fue un trofeo, fue un trabajo fino, algo premeditado. Yo quería estar con ella y -probablemente- ella también quería sumergirse en ese juego seductor que tan bien resolvimos.

A principios del 2005, se peleó con la encargada de coordinar los grupos de promoción en la agencia donde laburaban con Cecilia. Renunció y nunca más supimos nada de ella. Nunca más regreso ningún cumpleaños de Cecilia, nunca devolvió ninguna llamada de sus ex compañeras de trabajo. Nada. A veces, la gente desaparece así.

Natalia Halloween fue la última. Porque mientras sus ojos se perdieron por Cabildo (la última vez que la vi), encontré una mirada más calma en otros ojos verdes.

Dos días después de cortar con ella, conocí a Victoria.