Cuando uno intenta levantarse una mujer que esta por sobre la media de mujeres normales lindas, hay solamente una manera: llamando la atención descaradamente, quedar como un boludo, desaparecer unos 15 minutos y luego volver relajado, cauteloso y listo para atacar. ¿Cómo funciona esto? De la siguiente manera: por mi parte, ya había realizado cada uno de los pasos a seguir.
Llame la atención descaradamente con un comentario desubicado (“Decime, Ceci, ¿por qué están tan fuertes tus amigas?”), reforcé agarrando a Cecilia de los hombros y sacudiéndola en chiste (“¿Por qué nunca tuviste amigas así? ¡Habla!”). Pude ver las sonrisas incomodas de sus amigas... Ergo, quede como un boludo. En ese momento, me convertí pase de “el mejor amigo de Cecilia” a “el amigo boludo de Cecilia”, sin escalas. Eso era bueno.
Mis 15 minutos desaparecido en la cocina agradeciendo a San Expedito semejante harem fueron suficiente para calmar un poco las aguas. Era la hora de regresar -con calma- y demostrar que efectivamente era un caballero y un tipo bastante simpático, a pesar de todo. Demostrar, no... hacerles creer que lo era.
Los tipos caballeros y simpáticos son los primeros en morir en una fiesta, nadie les da bola. Mueren en el anonimato del balcón, fumando un cigarrillo. La única forma de sobrevivir a semejante suicidio social era quedar como boludo y volver para demostrar lo contrario. Cuando salí de la cocina, con algunos vasos y un par de botellas de cerveza, ya tenia un par de miradas expectantes (“A ver, ¿qué va a hacer el boludo ahora?”). El “boludo” te va a atender como reina, te vas a sentir cómoda hablando de cualquier cosa, y media hora después vas a pensar “es el famoso simpático chistoso del grupo”. Error. El “famoso simpatico chistoso del grupo” es Gabriel; yo lo único que quiero es tu número de teléfono y garchar. Era esto o llorar por Jorgelina Pecas abrazado a una botella de Gancia. Y funciona... “la redención del boludo” es una de las tácticas de levante que mejor me funciona.
Los ojos de Natalia Halloween eran perfectos. Era igual a Nicole Kidman, era “incomodante” lo parecida que era.
- Así que trabajaste muchos años en un video club, Pablo? Me encanta el cine...
- ¡Que copado! ¿Qué te género te gusta más?
- La ciencia ficción.
- Mira vos... ¿Viste Terminator?- la pregunta del millón, tenía que hacerla.
- No. Me gusta mas la ciencia ficción elaborada. Onda Blade runner.
En ese momento casi me levanto y me voy a la mierda. ¡¿Qué carajo pasa con las mujeres que no vieron Terminator?!
- Uy, ¿pasó algo?- preguntó Natalia.- Mira que si es por lo de Terminator, las puedo ver... A las 3 de corrido.
- Ah, por lo menos sabes que hay 3.
- Claro, la tercera es la de la Terminatrix, la minita rubia.
Dijo "terminatrix". Empezamos bien, pensé.
A las 5 de la mañana, Natalia Halloween se fue. La acompañe a la remiseria de Álvarez Thomas y Monroe.
- Gracias, Pablo.
- Encantado de conocerte, Natalia- sonreí.- Hasta el próximo cumpleaños, ojazos.
- Hasta el próximo cumpleaños- colocó un super beso en mi mejilla derecha y se subió al remis.
- Un gusto, reina- le dije en voz muy baja al oído. Encendí un cigarrillo, mientras el auto arrancaba.
- ¡Pablo!- gritó Natalia Halloween asomándose por la ventanilla.- Voy todos los jueves al Shamrock después de trabajar. Besos, rey.
Nicole Kidman me acaba de guiñar un ojo. Perdón, Natalia Halloween me acababa de guiñar un ojo, el auto aceleró y se fue por Monroe.
El 31 de octubre del 2004, sin duda, fue una buena noche. La perfección de ese momento fue increíble.
lunes, 30 de noviembre de 2009
viernes, 27 de noviembre de 2009
No le pidas más al diablo
- ¡Feliz cumpleaños!- abrace a Cecilia Miel con una sonrisa.- Ya nos vamos, Ceci.
- ¿Dónde van?- preguntó Cecilia con una sonrisa perfecta.- Ni se les ocurra irse... Ustedes se quedan.
- No da, Ceci- le dije.- Festeja con tus amigas, no hagan lío.
- Quédense, esta todo bien. Pedimos pizza- Cecilia, y después preguntan por qué todos nos enamorado de ella alguna vez.
- Cerra la puerta, corazón- Martín, llevando algunos platos y restos de comida a la cocina.
- Espera que falta más gente- se escuchó otro ascensor que llegaba. Entraron 4 chicas más, con cajas de pizza y empanadas. Volvimos a triangular miradas con Diego y Martín.
- Ahora las chicas suben las bebidas- dijo una rubia, apoyando las pizzas sobre la mesa.
- No quiero preguntar, pero tengo que hacerlo- le dí gracias a la cerveza por la cantidad de “frases bomba” que venían a mi mente a la velocidad de la luz.- ¿Cuántas son? ¿Y por qué están todas tan fuertes?
- Somos 15- Cecilia soltó una carcajada increíble y me presentó.- El es Pablo, es como mi hermano... mi mejor amigo
- ¿Y la segunda, Ceci?- insistí.
- ¿Que segunda?
- ¿Por qué están todas tan bárbaras, Cecilia? ¿Por que?- la agarre de los hombros y la sacudí- ¿Por qué esperaste tantos años para tener amigas así de fuertes? ¡Responde!
- Les juro que no muerde- pude ver la mano de Martín, tapándose la cara de vergüenza ajena; mientras inventaba una excusa.
El desfile de invitadas fue increíble. Eran 14 mujeres hermosas, todas promotoras. Pantalones ajustados, musculosas, siliconas, culos divinos, maquillaje, hombros para pasarle la lengua, ombligos con piercings... Todas encerradas en un piso 17, correteando por un dos ambientes... Todas encerradas con dos tipos solteros con ganas de bajarle la caña a más de una. Les aseguro que no es una situación agradable. Había tanto para elegir, tanta carne. Solo quedaba una sola cosa por hacer. Nos acercamos sigilosamente a Cecilia y la tiramos la mirada “cocina ya”. Cecilia fue a la cocina con una excusa cualquiera, cerramos la puerta.
- Okey, Ceci, hay 14 chicas en el living. Quiero que me señales a las casadas, a las que tienen novio y a las histéricas- le dije.
- Eso, habla...- murmuró Diego mientras habría una botella de cerveza y me servía un vaso.
Diez minutos después, me arrodille delante del almanaque que había en la cocina. Martín entro buscando servilletas.
- Voy a llevarle una cervezas a tus amig...- Martín, sorprendido.- Pablo, ¿qué carajo haces arrodillado?
- Silencio, le estoy agradeciendo a San Expedito- le dije mientras apoyaba una mano sobre el santo del mes de octubre.
El promedio de las amigas de Cecilia era mas que alentador. De las 14 chicas, había 4 de novias, 1 casada y 2 histéricas. Eso arrojaba un porcentaje de acción importante. Eran 7 las mujeres libres, 14 hombros con posibilidades de ser lengueteados, 7 ombligos con piercings para besar, y quién sabe cuantos tatuajes ocultos por descubrir.
Sí, eso tenía que ser el paraíso. Gracias, San Expedito. Una que hiciste bien.
- Diego, agarra todo el alcohol de la heladera y llevalo al living- sonreí.- Esta noche, si la hacemos bien, quien te dice que garchamos.
- Me gustan todas, boludo, no voy a poder elegir- nos miramos, abrimos la puerta de la cocina, scaneamos el living rápidamente y volvimos a cerrar.
- Che, ¿nos dejan salir?- Martín y Cecilia, arrinconados en el lavadero.
- Momento- dijo Diego.- Ya elegí, la bajita tetona... ¿Vos?
- Yo elijo a Nicole Kidman- si, dije eso.
Cecilia, Martín y Diego abrieron la puerta, se asomaron y la cerraron rapidamente.
- Es verdad- dijo Martín.- Se parece a Nicole Kidman.
- ¡Yo sabía que Natalia me hacia acordar a una actriz!- grito Cecilia.- ¡Nicole Kidman! ¡Es igual!
Dicho esto, la puerta de la cocina se abrió para que los cuatro ingresemos al living.
La cacería había comenzado.
- ¿Dónde van?- preguntó Cecilia con una sonrisa perfecta.- Ni se les ocurra irse... Ustedes se quedan.
- No da, Ceci- le dije.- Festeja con tus amigas, no hagan lío.
- Quédense, esta todo bien. Pedimos pizza- Cecilia, y después preguntan por qué todos nos enamorado de ella alguna vez.
- Cerra la puerta, corazón- Martín, llevando algunos platos y restos de comida a la cocina.
- Espera que falta más gente- se escuchó otro ascensor que llegaba. Entraron 4 chicas más, con cajas de pizza y empanadas. Volvimos a triangular miradas con Diego y Martín.
- Ahora las chicas suben las bebidas- dijo una rubia, apoyando las pizzas sobre la mesa.
- No quiero preguntar, pero tengo que hacerlo- le dí gracias a la cerveza por la cantidad de “frases bomba” que venían a mi mente a la velocidad de la luz.- ¿Cuántas son? ¿Y por qué están todas tan fuertes?
- Somos 15- Cecilia soltó una carcajada increíble y me presentó.- El es Pablo, es como mi hermano... mi mejor amigo
- ¿Y la segunda, Ceci?- insistí.
- ¿Que segunda?
- ¿Por qué están todas tan bárbaras, Cecilia? ¿Por que?- la agarre de los hombros y la sacudí- ¿Por qué esperaste tantos años para tener amigas así de fuertes? ¡Responde!
- Les juro que no muerde- pude ver la mano de Martín, tapándose la cara de vergüenza ajena; mientras inventaba una excusa.
El desfile de invitadas fue increíble. Eran 14 mujeres hermosas, todas promotoras. Pantalones ajustados, musculosas, siliconas, culos divinos, maquillaje, hombros para pasarle la lengua, ombligos con piercings... Todas encerradas en un piso 17, correteando por un dos ambientes... Todas encerradas con dos tipos solteros con ganas de bajarle la caña a más de una. Les aseguro que no es una situación agradable. Había tanto para elegir, tanta carne. Solo quedaba una sola cosa por hacer. Nos acercamos sigilosamente a Cecilia y la tiramos la mirada “cocina ya”. Cecilia fue a la cocina con una excusa cualquiera, cerramos la puerta.
- Okey, Ceci, hay 14 chicas en el living. Quiero que me señales a las casadas, a las que tienen novio y a las histéricas- le dije.
- Eso, habla...- murmuró Diego mientras habría una botella de cerveza y me servía un vaso.
Diez minutos después, me arrodille delante del almanaque que había en la cocina. Martín entro buscando servilletas.
- Voy a llevarle una cervezas a tus amig...- Martín, sorprendido.- Pablo, ¿qué carajo haces arrodillado?
- Silencio, le estoy agradeciendo a San Expedito- le dije mientras apoyaba una mano sobre el santo del mes de octubre.
El promedio de las amigas de Cecilia era mas que alentador. De las 14 chicas, había 4 de novias, 1 casada y 2 histéricas. Eso arrojaba un porcentaje de acción importante. Eran 7 las mujeres libres, 14 hombros con posibilidades de ser lengueteados, 7 ombligos con piercings para besar, y quién sabe cuantos tatuajes ocultos por descubrir.
Sí, eso tenía que ser el paraíso. Gracias, San Expedito. Una que hiciste bien.
- Diego, agarra todo el alcohol de la heladera y llevalo al living- sonreí.- Esta noche, si la hacemos bien, quien te dice que garchamos.
- Me gustan todas, boludo, no voy a poder elegir- nos miramos, abrimos la puerta de la cocina, scaneamos el living rápidamente y volvimos a cerrar.
- Che, ¿nos dejan salir?- Martín y Cecilia, arrinconados en el lavadero.
- Momento- dijo Diego.- Ya elegí, la bajita tetona... ¿Vos?
- Yo elijo a Nicole Kidman- si, dije eso.
Cecilia, Martín y Diego abrieron la puerta, se asomaron y la cerraron rapidamente.
- Es verdad- dijo Martín.- Se parece a Nicole Kidman.
- ¡Yo sabía que Natalia me hacia acordar a una actriz!- grito Cecilia.- ¡Nicole Kidman! ¡Es igual!
Dicho esto, la puerta de la cocina se abrió para que los cuatro ingresemos al living.
La cacería había comenzado.
jueves, 26 de noviembre de 2009
Cosa de hombres
No había tiempo para muchas palabras, la puerta del departamento se estaba por abrir de un momento a otro. Martín tenía que responder algo.
- ¡Por favor! ¿Qué tal están? ¿Están fuertes?- Diego, gritaba cautelosamente, moviéndose como un mono enjaulado.
Son códigos, esto pasa siempre. Si la novia de un amigo viene con alguna amiga que el grupo no conoce, nuestro amigo esta obligado a pormenorizar detalles básicos de la nueva chica. A medida que nos empezamos a poner de novios, comentar sobre las virtudes de “la amiga de novia” se volvía difícil. No es algo bueno que nuestra novia nos escuche comentarle a nuestros amigos babosos que tal esta su amiga. No, definitivamente no.
Por suerte, con mis amigos perfeccionamos una técnica para calificar a las chicas que vemos por ahí -y a las amigas de nuestras novias, también-, delante de nuestras novias y que ellas nunca sepan de qué estamos hablando. La gracias de esta clasificación es que en lugar de números son palabras. La dificultad del código radica en que son palabras que no siguen ninguna línea lógica de pensamiento. Claro, si uno las dice seguidas. Individualmente, cada palabra funciona a la perfección. De menor a mayor, viene a ser algo así: Comadreja, Vasija, Peucelle, Jesuuusssto y...
Un segundo antes que la puerta se abriera completamente, Martín habló.
- Everest- murmuró Martín.- Son todas Everest.
La puerta se abrió, entraron Cecilia y tres amigas. Perdón, tres Everests.
Las 3 mujeres más lindas que jamás vi en mi vida.
Y lo mejor de todo, la noche recién empezaba.
- ¡Por favor! ¿Qué tal están? ¿Están fuertes?- Diego, gritaba cautelosamente, moviéndose como un mono enjaulado.
Son códigos, esto pasa siempre. Si la novia de un amigo viene con alguna amiga que el grupo no conoce, nuestro amigo esta obligado a pormenorizar detalles básicos de la nueva chica. A medida que nos empezamos a poner de novios, comentar sobre las virtudes de “la amiga de novia” se volvía difícil. No es algo bueno que nuestra novia nos escuche comentarle a nuestros amigos babosos que tal esta su amiga. No, definitivamente no.
Por suerte, con mis amigos perfeccionamos una técnica para calificar a las chicas que vemos por ahí -y a las amigas de nuestras novias, también-, delante de nuestras novias y que ellas nunca sepan de qué estamos hablando. La gracias de esta clasificación es que en lugar de números son palabras. La dificultad del código radica en que son palabras que no siguen ninguna línea lógica de pensamiento. Claro, si uno las dice seguidas. Individualmente, cada palabra funciona a la perfección. De menor a mayor, viene a ser algo así: Comadreja, Vasija, Peucelle, Jesuuusssto y...
Un segundo antes que la puerta se abriera completamente, Martín habló.
- Everest- murmuró Martín.- Son todas Everest.
La puerta se abrió, entraron Cecilia y tres amigas. Perdón, tres Everests.
Las 3 mujeres más lindas que jamás vi en mi vida.
Y lo mejor de todo, la noche recién empezaba.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
La flor más bella
Todos los chicos del grupo nos enamoramos alguna vez de Cecilia Miel. Tarde o temprano cada uno fue cayendo en esa red implacable de ternura angelical y buena onda. No es para menos, Cecilia Miel es un ángel.
Yo me enamoré de Cecilia en nuestras primeras vacaciones grupales. Fue en una playa de Villa Gesell. Me enamoré de sus mates. Por suerte, mi amor duró lo que dura un mate de tiro corto. Sin embargo, en ese momento había caído completamente en su dulzura y me gustó. A partir de entonces, Cecilia y yo nos hicimos más amigos que nunca. No se como funcionan estas cosas, supongo que simplemente se dan. Lo gracioso fue que durante la secundaria casi ni nos dirigíamos la palabra. Ella formaba parte del grupo de bonitas, con Silvina Veneno al frente. Y debo reconocer que yo estuve toda la secundaría enamorado de Silvina, una de las pendejas con más estilo y encanto que haya pisado jamás un doble escolaridad bilingüe. Silvina era tan encantadora como hija de puta. Lo mejor que pudo pasarle a Cecilia fue salir de su influencia al terminar el secundario. Y eso, en parte, fue gracias a Martín.
Nadie podía negar que Martín y Cecilia eran la pareja perfecta. Lindos, divertidos, buena gente. Al terminar la secundaria, Martín tuvo el gesto de amor más genial que jamás vi en un hombre. Le regaló una “caja de tiempo” a Cecilia. Esa caja tenía fotos, dibujos, papeles de chocolate gastados, boletos de colectivo, entradas a recitales. Cecilia se enamoró perdidamente de Martín. Pero no funcionó. Dejaron de salir un tiempo y 5 años más tarde, volvieron a intentarlo. Estuvieron juntos un tiempo largo, hasta volver a cortar. Si la memoria no me traiciona (y les juro que no), en agosto del 2003, Martín le dio un anillo a Cecilia. Si, un anillo.
Fue en la salida de Locos por el Fútbol (claramente yo estaba demasiado borracho como para prestar atención a semejante acontecimiento). Una semana después, se fueron a vivir juntos al departamento de Martín. Fueron felices y comieron perdices.
El 31 de octubre del 2004 habíamos quedado en ir a cenar a lo Martín, Cecilia iba a salir con sus amigas del laburo, así que teníamos el depto para nosotros solos. Pizza, cerveza, charlas pelotudas, anécdotas bizarras, lo mismo de siempre. El aguante a Martín se lo hicimos con Diego, a esta altura, los únicos tipos solteros del grupo. ¡Hasta Richard tenía novia! Diego y yo no teníamos mucha suerte con las mujeres. Así que -agarrado a una Quilmes- les conté lo que había pasado con Jorgelina Pecas.
Mi relato fue cortado por el sonido del portero eléctrico. Era Cecilia, Martín tuvo una intensa conversación desde el piso 15 hasta planta baja y volvió con cara de asado escupido.
- Parece que no consiguieron lugar para ir a cenar- dijo Martín.- Vienen para acá... Ceci con un par de amigas del laburo.
- ¿Consiguió trabajo? Que bueno, hace bocha que estaba buscando- me puse contento.
- ¿Dónde consiguió?- preguntó Diego.
- En una empresa de promociones, por recomendación de unas amigas que laburan ahí.
- Para, para... ¿vos me estas diciendo que las amigas que suben “en este preciso instante” con Cecilia son promotoras? ¿Promotoras posta “posta”?- pregunté.
- Promotoras posta “posta”- afirmó Martín.
- ¡Por favor! ¿Qué tal están? ¿Están fuertes?- Diego, sacadísimo.
Triangulamos miradas rápidamente, desde el pasillo se escuchaba un murmullo persistente de voces agudas y la puerta metálica del ascensor que se cerraba.
Se hizo un silencio que duro segundos eternos. Por mi cabeza, solamente pasaba un solo pensamiento “por dios, que estén todas buenas; por dios, que estén todas buenas; por dios, que estén todas buenas; por dios, que estén todas buenas”...
¡Por Dios, que estén todas buenas!
Yo me enamoré de Cecilia en nuestras primeras vacaciones grupales. Fue en una playa de Villa Gesell. Me enamoré de sus mates. Por suerte, mi amor duró lo que dura un mate de tiro corto. Sin embargo, en ese momento había caído completamente en su dulzura y me gustó. A partir de entonces, Cecilia y yo nos hicimos más amigos que nunca. No se como funcionan estas cosas, supongo que simplemente se dan. Lo gracioso fue que durante la secundaria casi ni nos dirigíamos la palabra. Ella formaba parte del grupo de bonitas, con Silvina Veneno al frente. Y debo reconocer que yo estuve toda la secundaría enamorado de Silvina, una de las pendejas con más estilo y encanto que haya pisado jamás un doble escolaridad bilingüe. Silvina era tan encantadora como hija de puta. Lo mejor que pudo pasarle a Cecilia fue salir de su influencia al terminar el secundario. Y eso, en parte, fue gracias a Martín.
Nadie podía negar que Martín y Cecilia eran la pareja perfecta. Lindos, divertidos, buena gente. Al terminar la secundaria, Martín tuvo el gesto de amor más genial que jamás vi en un hombre. Le regaló una “caja de tiempo” a Cecilia. Esa caja tenía fotos, dibujos, papeles de chocolate gastados, boletos de colectivo, entradas a recitales. Cecilia se enamoró perdidamente de Martín. Pero no funcionó. Dejaron de salir un tiempo y 5 años más tarde, volvieron a intentarlo. Estuvieron juntos un tiempo largo, hasta volver a cortar. Si la memoria no me traiciona (y les juro que no), en agosto del 2003, Martín le dio un anillo a Cecilia. Si, un anillo.
Fue en la salida de Locos por el Fútbol (claramente yo estaba demasiado borracho como para prestar atención a semejante acontecimiento). Una semana después, se fueron a vivir juntos al departamento de Martín. Fueron felices y comieron perdices.
El 31 de octubre del 2004 habíamos quedado en ir a cenar a lo Martín, Cecilia iba a salir con sus amigas del laburo, así que teníamos el depto para nosotros solos. Pizza, cerveza, charlas pelotudas, anécdotas bizarras, lo mismo de siempre. El aguante a Martín se lo hicimos con Diego, a esta altura, los únicos tipos solteros del grupo. ¡Hasta Richard tenía novia! Diego y yo no teníamos mucha suerte con las mujeres. Así que -agarrado a una Quilmes- les conté lo que había pasado con Jorgelina Pecas.
Mi relato fue cortado por el sonido del portero eléctrico. Era Cecilia, Martín tuvo una intensa conversación desde el piso 15 hasta planta baja y volvió con cara de asado escupido.
- Parece que no consiguieron lugar para ir a cenar- dijo Martín.- Vienen para acá... Ceci con un par de amigas del laburo.
- ¿Consiguió trabajo? Que bueno, hace bocha que estaba buscando- me puse contento.
- ¿Dónde consiguió?- preguntó Diego.
- En una empresa de promociones, por recomendación de unas amigas que laburan ahí.
- Para, para... ¿vos me estas diciendo que las amigas que suben “en este preciso instante” con Cecilia son promotoras? ¿Promotoras posta “posta”?- pregunté.
- Promotoras posta “posta”- afirmó Martín.
- ¡Por favor! ¿Qué tal están? ¿Están fuertes?- Diego, sacadísimo.
Triangulamos miradas rápidamente, desde el pasillo se escuchaba un murmullo persistente de voces agudas y la puerta metálica del ascensor que se cerraba.
Se hizo un silencio que duro segundos eternos. Por mi cabeza, solamente pasaba un solo pensamiento “por dios, que estén todas buenas; por dios, que estén todas buenas; por dios, que estén todas buenas; por dios, que estén todas buenas”...
¡Por Dios, que estén todas buenas!
martes, 24 de noviembre de 2009
Bye bye
Todo el mundo sabe que tengo una memoria prodigiosa. No jodo, es buena en serio. Es buena, pero no es lineal. O sea, no sirve para recitar e interpretar La semiosis social de Eliseo Verón. Sirve, por ejemplo, para detallar cada suceso que acontecía en mi vida mientras yo intentaba estudiar las condiciones de producción y reconocimiento de los discursos sociales. Algunos lo llaman “dispersión”, yo prefiero creer que es una buena forma de contener los recuerdos, sumándole más recuerdos, buscando anclas en la memoria.
Pecas cumplió su palabra: me llamó cuando llego. Eso fue lo último que supe de ella por 15 días. Ni un solo llamado. El 30 de octubre del 2004 recibí la segunda llamada de Jorgelina Pecas, desde Nueva York.
- Perdón por no llamar...- empezó a justificar.
- Ni mandar mails, ni dejar mensajes en el contestador...- me adelanté.
- Perdón.
- No hay problema, me sorprendería que no me sorprenda
- ¿Qué queres decir?
- Que sos una flaca que no se vincula, Pecas. Todo bien- en realidad, pensé que iba a ser peor; por suerte fui protocolar.
- Pablo, discúlpame.
- ¿Vos te das cuenta que estuvimos saliendo un año, no? Y no fuiste capaz de crear un puto vínculo. Algo que te diga “tengo que llamar a Pablo y decirle que estoy bien”.
- No puedo con todo- realmente se la escuchaba abatida.
- No te preocupes- respire profundo.- ¿Cómo esta tu vieja?
- Bien, pero...- pausa.- Mi tía me dejo el restó.
- ¿Cómo? ¿Cuando volves?
- Tengo que administrar el restó.
- ¿Me estas jodiendo?
- Mi vieja quiere que lo vendamos, pero no se si esta bien eso...
- ¿Entonces?- pregunté.
- Me voy a quedar, voy a intentar que esto no se caiga, fue el sueño de mi tía.
- ¿Estamos “cortando” por teléfono?
- Pablo... te quiero. Te quiero mucho, corazón. Sos el...
- ¿“Hombre de tu vida”? Dale...- me reí.
- El tipo mas especial que conocí.
- Genial. ¡Un año de novios, boluda!- me reí, suspire, trague saliva, sentí que el corazón me explotaba, volvía reír, volví a suspirar, trague saliva.
- Perdón.
- Que se no se corte- le dije, intentando disfrazar mi tristeza de ironía. El resultado fue casi un grito ahogando un llanto. Patético.
- Te quiero- escuche ese “te quiero”, y lo sentí. Realmente lo sentí.
- Yo también- murmuré.
- Te quiero mucho.
- Un beso, Pecas.
- Un beso, Pablito.
Cortamos. Apoye el auricular, instantáneamente el teléfono volvió a sonar. Atendí, era Pecas, de nuevo.
- Un día voy a volver, Pablo. Y te juro que ese día vamos a estar juntos para siempre. Te pido paciencia, nada mas. Quiero estar con vos, el día que vuelva no nos separamos más... Te quiero- adivine la angustia y la seguridad, se la escuchaba feliz y triste. Ella sabía que iba a volver. Y lo que es peor... yo también sabía que iba a volver.
Sostuve el auricular en la mano hasta que la alarma de descolgado de Telecom me perforó el oído. Colgué, mirando el almanaque. 30 de octubre del 2004.
Faltaba un día para el cumpleaños de Cecilia Miel.
Un día para conocer a Natalia Halloween.
Pecas cumplió su palabra: me llamó cuando llego. Eso fue lo último que supe de ella por 15 días. Ni un solo llamado. El 30 de octubre del 2004 recibí la segunda llamada de Jorgelina Pecas, desde Nueva York.
- Perdón por no llamar...- empezó a justificar.
- Ni mandar mails, ni dejar mensajes en el contestador...- me adelanté.
- Perdón.
- No hay problema, me sorprendería que no me sorprenda
- ¿Qué queres decir?
- Que sos una flaca que no se vincula, Pecas. Todo bien- en realidad, pensé que iba a ser peor; por suerte fui protocolar.
- Pablo, discúlpame.
- ¿Vos te das cuenta que estuvimos saliendo un año, no? Y no fuiste capaz de crear un puto vínculo. Algo que te diga “tengo que llamar a Pablo y decirle que estoy bien”.
- No puedo con todo- realmente se la escuchaba abatida.
- No te preocupes- respire profundo.- ¿Cómo esta tu vieja?
- Bien, pero...- pausa.- Mi tía me dejo el restó.
- ¿Cómo? ¿Cuando volves?
- Tengo que administrar el restó.
- ¿Me estas jodiendo?
- Mi vieja quiere que lo vendamos, pero no se si esta bien eso...
- ¿Entonces?- pregunté.
- Me voy a quedar, voy a intentar que esto no se caiga, fue el sueño de mi tía.
- ¿Estamos “cortando” por teléfono?
- Pablo... te quiero. Te quiero mucho, corazón. Sos el...
- ¿“Hombre de tu vida”? Dale...- me reí.
- El tipo mas especial que conocí.
- Genial. ¡Un año de novios, boluda!- me reí, suspire, trague saliva, sentí que el corazón me explotaba, volvía reír, volví a suspirar, trague saliva.
- Perdón.
- Que se no se corte- le dije, intentando disfrazar mi tristeza de ironía. El resultado fue casi un grito ahogando un llanto. Patético.
- Te quiero- escuche ese “te quiero”, y lo sentí. Realmente lo sentí.
- Yo también- murmuré.
- Te quiero mucho.
- Un beso, Pecas.
- Un beso, Pablito.
Cortamos. Apoye el auricular, instantáneamente el teléfono volvió a sonar. Atendí, era Pecas, de nuevo.
- Un día voy a volver, Pablo. Y te juro que ese día vamos a estar juntos para siempre. Te pido paciencia, nada mas. Quiero estar con vos, el día que vuelva no nos separamos más... Te quiero- adivine la angustia y la seguridad, se la escuchaba feliz y triste. Ella sabía que iba a volver. Y lo que es peor... yo también sabía que iba a volver.
Sostuve el auricular en la mano hasta que la alarma de descolgado de Telecom me perforó el oído. Colgué, mirando el almanaque. 30 de octubre del 2004.
Faltaba un día para el cumpleaños de Cecilia Miel.
Un día para conocer a Natalia Halloween.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Fondo profundo
Nunca entendí a la gente que como consuelo a determinada situación dicen “no te preocupes, va a pasar cuando menos te lo esperes”. Me encantaría saber qué significa eso. Básicamente es como justificar el exceso de tiempo al pedo.
Por ejemplo, quiero conseguir un buen laburo, pero lo quiero ya. No quiero esperar. “No te preocupes, va a pasar cuando menos te lo esperes”. Es como pretender que el tiempo no existe. Yo quiero un buen trabajo “ahora”, no quiero conseguirlo “cuando menos lo espere”. No tengo esa clase de tiempo para perder.
Evidentemente, algo estoy haciendo mal, algo esta mal conmigo, porque la mayoría de cosas “buenas y malas” me suceden “cuando menos lo espero”. Y eso es lo que me molesta, porque yo siempre me consideré un generador de circunstancias interesantes. Pero no, no tengo control sobre los sucesos extraordinarios.
Y no quieran saber lo que me costó salir de ese 114, dios. Nada grave, lo peor fue el susto (diría mi abuela). No paso nada, simplemente aterricé sobre mi hombro izquierdo, y después mi espalda fue bañada por pedazos de vidrio chiquitos. Lo primero que pensé cuando abrí los ojos fue “ahora explota todo, seguro que hay una fuga de nafta, vamos a volar todos como moscas”.
- Señor, ¿esta bien?- alguien me agarro del brazo, guiándome por el pasillo.
- ¿Señor?- murmuré. ¿Señor? La puta madre, me dijo “señor”. Un pibe de unos 17 años.- Gracias, todo bien... Gracias.
Cuando me baje del 114 vi el choque de afuera. Una Fiorino blanca se había empotrado en el 114. Me senté en el cordón de la vereda, pensando que era una locura sentarse ahí (sobre Mosconi). De la Fiorino venían gritos adolescentes. El colectivero puteaba a lo loco, y siguió puteando hasta que llegó la ambulancia del SAME.
- ¿Vos estabas en el 114?- levante la vista, un ambulatorio me miraba serio.
- Si- respondí, arrojando el cigarrillo a medio terminar. Intente incorporarme con mucho dolor.- No vi nada, estaba dormido.
- No es por eso, veni que te hacemos un chequeo mínimo.
Es genial la técnica ambulatoria en caso de accidentes. Lo bueno de todo es que no había heridos de gravedad. Los pendejos de la Fiorino estaban siendo perfectamente atendidos... por la policía. La gente del 114 fue pasando uno por uno por un simple chequeo. Bien podríamos haber tenido hemorragias internas que nadie se hubiera dado cuenta de nada. Me dieron un calmante para el dolor del hombro, que ya se había hinchado considerablemente. El transito de Mosconi comenzaba a ser más fluido. Me subí al primer taxi que pasó. Me despertó el tachero cuando llegamos a mi departamento.
Ni me acuerdo como subí hasta mi cama. Si lo miro en perspectiva parecía salido de una película de George Romero. Caminando torcido, un hombro mas arriba que el otro, ojeroso... Si, de una película de Romero. Bondi of the dead. Lo último que ví antes de quedarme dormido profundamente fue la luz roja del radioreloj que indicaba las 8 de la mañana.
Desperté -creo yo- en la misma posición en que me acosté. De hecho, supongo que el despertador fue algún movimiento que hice sobre al lado izquierdo, lo que provocó una reacción en cadena de dolores desde el hombro hasta mi cabeza. Si, creo que eso fue lo que me despertó. Casualmente... cuando menos lo esperé. Eran las 5 de la tarde. Había dormido casi 10 horas de corrido. El calmante había sido bueno, en definitiva.
Fui hasta el teléfono, quería saber como iban las cosas con los viejos de Pecas. El contestador de Telecom me dio la bienvenida. “Usted tiene mensajes nuevos”. Eran 15 mensajes no escuchados. Los primeros 14 eran llamadas bobas. La clásica llamada que haces queriendo ganar al contestador pero nunca lo logras. Quiero que sepan que la gente que hacemos uso y abuso de los contestadores telefónicos, odiamos a la gente que hace eso. ¡No corten, hablen, dejen su mensaje! Gracias.
La llamada número 15 era la importante.
Yo no quiero que las cosas me pasen “cuando menos lo espero”. Tiene que haber alguna forma de evitar esto.
Por ejemplo, quiero conseguir un buen laburo, pero lo quiero ya. No quiero esperar. “No te preocupes, va a pasar cuando menos te lo esperes”. Es como pretender que el tiempo no existe. Yo quiero un buen trabajo “ahora”, no quiero conseguirlo “cuando menos lo espere”. No tengo esa clase de tiempo para perder.
Evidentemente, algo estoy haciendo mal, algo esta mal conmigo, porque la mayoría de cosas “buenas y malas” me suceden “cuando menos lo espero”. Y eso es lo que me molesta, porque yo siempre me consideré un generador de circunstancias interesantes. Pero no, no tengo control sobre los sucesos extraordinarios.
Y no quieran saber lo que me costó salir de ese 114, dios. Nada grave, lo peor fue el susto (diría mi abuela). No paso nada, simplemente aterricé sobre mi hombro izquierdo, y después mi espalda fue bañada por pedazos de vidrio chiquitos. Lo primero que pensé cuando abrí los ojos fue “ahora explota todo, seguro que hay una fuga de nafta, vamos a volar todos como moscas”.
- Señor, ¿esta bien?- alguien me agarro del brazo, guiándome por el pasillo.
- ¿Señor?- murmuré. ¿Señor? La puta madre, me dijo “señor”. Un pibe de unos 17 años.- Gracias, todo bien... Gracias.
Cuando me baje del 114 vi el choque de afuera. Una Fiorino blanca se había empotrado en el 114. Me senté en el cordón de la vereda, pensando que era una locura sentarse ahí (sobre Mosconi). De la Fiorino venían gritos adolescentes. El colectivero puteaba a lo loco, y siguió puteando hasta que llegó la ambulancia del SAME.
- ¿Vos estabas en el 114?- levante la vista, un ambulatorio me miraba serio.
- Si- respondí, arrojando el cigarrillo a medio terminar. Intente incorporarme con mucho dolor.- No vi nada, estaba dormido.
- No es por eso, veni que te hacemos un chequeo mínimo.
Es genial la técnica ambulatoria en caso de accidentes. Lo bueno de todo es que no había heridos de gravedad. Los pendejos de la Fiorino estaban siendo perfectamente atendidos... por la policía. La gente del 114 fue pasando uno por uno por un simple chequeo. Bien podríamos haber tenido hemorragias internas que nadie se hubiera dado cuenta de nada. Me dieron un calmante para el dolor del hombro, que ya se había hinchado considerablemente. El transito de Mosconi comenzaba a ser más fluido. Me subí al primer taxi que pasó. Me despertó el tachero cuando llegamos a mi departamento.
Ni me acuerdo como subí hasta mi cama. Si lo miro en perspectiva parecía salido de una película de George Romero. Caminando torcido, un hombro mas arriba que el otro, ojeroso... Si, de una película de Romero. Bondi of the dead. Lo último que ví antes de quedarme dormido profundamente fue la luz roja del radioreloj que indicaba las 8 de la mañana.
Desperté -creo yo- en la misma posición en que me acosté. De hecho, supongo que el despertador fue algún movimiento que hice sobre al lado izquierdo, lo que provocó una reacción en cadena de dolores desde el hombro hasta mi cabeza. Si, creo que eso fue lo que me despertó. Casualmente... cuando menos lo esperé. Eran las 5 de la tarde. Había dormido casi 10 horas de corrido. El calmante había sido bueno, en definitiva.
Fui hasta el teléfono, quería saber como iban las cosas con los viejos de Pecas. El contestador de Telecom me dio la bienvenida. “Usted tiene mensajes nuevos”. Eran 15 mensajes no escuchados. Los primeros 14 eran llamadas bobas. La clásica llamada que haces queriendo ganar al contestador pero nunca lo logras. Quiero que sepan que la gente que hacemos uso y abuso de los contestadores telefónicos, odiamos a la gente que hace eso. ¡No corten, hablen, dejen su mensaje! Gracias.
La llamada número 15 era la importante.
Pabli, soy Pecas. Te estuve llamándo toda la mañana y nada, obviamente estas durmiendo, debes estar re cansado. Me voy a New York, mi vieja quiere viajar y no quiero que viaje sola. Realmente esta inconsolable. Mi viejo va a pasar a buscar las llaves de mi departamento mañana, para tener el control de los impuestos y servicios. Si, ya se, no debería pensar en eso justo ahora, pero no quiero traerte kilombos. No te preocupes, Pablo, te llamo. De verdad, te llamo en cuanto llegue. Te quiero mucho, sos un tipo genial. Te quiero, Pablo. Te quiero.
Yo no quiero que las cosas me pasen “cuando menos lo espero”. Tiene que haber alguna forma de evitar esto.
viernes, 20 de noviembre de 2009
El blues de las 6 y 30
Esta es la no-historia de Laurita Mística. Claro, porque lo más interesante de Laurita no es que fuimos “novios” en un determinado momento de mi vida. Lo realmente interesante es lo que vino después. Podría decirse que Laurita fue mi regalo de cumpleaños en el 2000 y que así la conocí.
Empezamos a salir la semana siguiente. ¿Cómo logró mi hermanita Paz que accediera a tirarme las cartas? ¿Cómo logré que Laurita Mística me diera bola? Todo eso pasará a formar parte de las historias jamás contadas; como por ejemplo: ¿quién tiro el choclo brasilero que desnucó al novio de Lucinde? ¿qué pasó con la muñeca que Richard se robó la noche de los brownies locos?
Yo les avise: esta es la no-historia de Laurita Mística. Salimos juntos durante un mes y medio. Punto. Por eso, lo más interesante vino después: nuestra amistad inquebrantable.
Lo que siempre me llamó la atención de Laurita fue su ductilidad para interpretar sueños. Era creer o reventar. Realmente era muy buena en eso. No jodo. Y menos después de lo que pasó aquella mañana, cuando regresaba de la casa de Pecas en Flores.
- Soñe con vos...- afirmó Laurita por celular, mientras yo espiaba por Mosconi si venía un 114, 107... algo.
- Te putearia, Lau; pero la verdad, te quiero demasiado como para mandarte a la mierda- no había taxis esa madrugada.- No es un buen momento... En fin, contame.
- Perdón- murmuró Laurita, y luego continuó.- Soñé que estabas durmiendo en tu casa, y tenías una mancha de sangre en la camisa, chiquita… como una gotita. ¿Seguís teniendo la camisa celeste?
- Es la que tengo puesta ahora, Lau- dije mirando el reflejo de mi camisa en la vidriera de una ferretería cerrada.- ¿Sangre? ¡Para, hija de puta! Siempre me haces lo mismo... ¡Precogniciones, las pelotas! ¡Sabes que esas cosas me dan miedo!
- ¿Te cuento o no te cuento?- no esperó mi respuesta.- Intentabas sacarte la camisa pero no podías, y así... se iba manchando mas de sangre... Perdón, la mancha... hasta que cubría toda la camisa. Quedo toda roja.
- ¿Pero me pude sacar la camisa o no?
- No...- silencio, escuché el chasquido de un encendedor del otro lado, seguido de la respiración de humo.- Análisis...
- A ver...
- Un mancha en una camisa significa que uno se encuentra atravesando por una situación molesta. Viene de las contigencias de la vida, la mancha que esta "ahí" y uno no sabe cómo llegó... pero esta "ahí". Como pasa siempre con los momentos molestos, uno no sabe como aparecen, pero estan...
- Mira vos...- eran las 6 de la mañana, venía de lo de Pecas, había fallecido su tía yanqui, Angelo me rompía las bolas, camine por Nazca esperando un 133 que no vino, no venía ningún 114, ningún 107. Si, estaba molesto, puede ser.- ¿Qué más?
- Okey, si la sangre es mucha. Tengamos en cuenta que al principio es una manchita en la camisa hasta que se extiende y la camisa pasa a ser totalmente roja. Ponele, ahí la sangre es abundante, mucha... significa que vos deseas algo y que esta por venir pronto...- evidentemente tenía razón, porque venían dos colectivos: el 114 y el 107.
- Te quiero, Lau- reí.
- Escucha, escucha, escucha...
- Dale viene el bondi...- estire el brazo, el 107 se abrió por la otra punta.
un costado de la avenida. Maldito colectivero mañanero. Le hice señas al 114.
- Pero... acá viene lo mejor. Si soñas “específicamente” con ropa manchada de sangre, quiere decir que tenes que tener cuidado porque hay gente que te quiere hacer mal... Es el conjunto de "ropa sumado a sangre" lo que da el conflicto.
- Tengo que subir... se me va el 114.
- ¿Cómo el 114? ¡Pablo no te subas al 114!- gritó.
- ¿Por qué?- el 114 se acercaba al cordón.- ¿Qué tiene que ver?
- ¡Es rojo! ¡No te subas al 114!
- Lauri, dejate de joder...- la tranquilice.- Además, no te olvides que el sueño lo tuviste vos, no yo.
- ¡Es rojo! No subas... ¿Por qué nunca me haces caso?
- Porque estoy cansando, Lau. Quiero llegar a casa y dormir- le tire un beso por el celu, mientras ella todavía seguía puteando.
Y subí... en el fondo, me acomode en el ultimo de los 5 asientos, el que esta al lado de la puerta para bajar. Me quede dormido.
El ruido de los frenos clavándose en Mosconi y Artigas me despertó. Un fuerte impacto me hizo volar dos metros por el pasillo, cuando me estaba por incorporar escuche las ventanillas romperse en mil pedazos. Ahí estaba yo, tirado en el pasillo, preso del infierno rojo de la Línea 114.
Empezamos a salir la semana siguiente. ¿Cómo logró mi hermanita Paz que accediera a tirarme las cartas? ¿Cómo logré que Laurita Mística me diera bola? Todo eso pasará a formar parte de las historias jamás contadas; como por ejemplo: ¿quién tiro el choclo brasilero que desnucó al novio de Lucinde? ¿qué pasó con la muñeca que Richard se robó la noche de los brownies locos?
Yo les avise: esta es la no-historia de Laurita Mística. Salimos juntos durante un mes y medio. Punto. Por eso, lo más interesante vino después: nuestra amistad inquebrantable.
Lo que siempre me llamó la atención de Laurita fue su ductilidad para interpretar sueños. Era creer o reventar. Realmente era muy buena en eso. No jodo. Y menos después de lo que pasó aquella mañana, cuando regresaba de la casa de Pecas en Flores.
- Soñe con vos...- afirmó Laurita por celular, mientras yo espiaba por Mosconi si venía un 114, 107... algo.
- Te putearia, Lau; pero la verdad, te quiero demasiado como para mandarte a la mierda- no había taxis esa madrugada.- No es un buen momento... En fin, contame.
- Perdón- murmuró Laurita, y luego continuó.- Soñé que estabas durmiendo en tu casa, y tenías una mancha de sangre en la camisa, chiquita… como una gotita. ¿Seguís teniendo la camisa celeste?
- Es la que tengo puesta ahora, Lau- dije mirando el reflejo de mi camisa en la vidriera de una ferretería cerrada.- ¿Sangre? ¡Para, hija de puta! Siempre me haces lo mismo... ¡Precogniciones, las pelotas! ¡Sabes que esas cosas me dan miedo!
- ¿Te cuento o no te cuento?- no esperó mi respuesta.- Intentabas sacarte la camisa pero no podías, y así... se iba manchando mas de sangre... Perdón, la mancha... hasta que cubría toda la camisa. Quedo toda roja.
- ¿Pero me pude sacar la camisa o no?
- No...- silencio, escuché el chasquido de un encendedor del otro lado, seguido de la respiración de humo.- Análisis...
- A ver...
- Un mancha en una camisa significa que uno se encuentra atravesando por una situación molesta. Viene de las contigencias de la vida, la mancha que esta "ahí" y uno no sabe cómo llegó... pero esta "ahí". Como pasa siempre con los momentos molestos, uno no sabe como aparecen, pero estan...
- Mira vos...- eran las 6 de la mañana, venía de lo de Pecas, había fallecido su tía yanqui, Angelo me rompía las bolas, camine por Nazca esperando un 133 que no vino, no venía ningún 114, ningún 107. Si, estaba molesto, puede ser.- ¿Qué más?
- Okey, si la sangre es mucha. Tengamos en cuenta que al principio es una manchita en la camisa hasta que se extiende y la camisa pasa a ser totalmente roja. Ponele, ahí la sangre es abundante, mucha... significa que vos deseas algo y que esta por venir pronto...- evidentemente tenía razón, porque venían dos colectivos: el 114 y el 107.
- Te quiero, Lau- reí.
- Escucha, escucha, escucha...
- Dale viene el bondi...- estire el brazo, el 107 se abrió por la otra punta.
un costado de la avenida. Maldito colectivero mañanero. Le hice señas al 114.
- Pero... acá viene lo mejor. Si soñas “específicamente” con ropa manchada de sangre, quiere decir que tenes que tener cuidado porque hay gente que te quiere hacer mal... Es el conjunto de "ropa sumado a sangre" lo que da el conflicto.
- Tengo que subir... se me va el 114.
- ¿Cómo el 114? ¡Pablo no te subas al 114!- gritó.
- ¿Por qué?- el 114 se acercaba al cordón.- ¿Qué tiene que ver?
- ¡Es rojo! ¡No te subas al 114!
- Lauri, dejate de joder...- la tranquilice.- Además, no te olvides que el sueño lo tuviste vos, no yo.
- ¡Es rojo! No subas... ¿Por qué nunca me haces caso?
- Porque estoy cansando, Lau. Quiero llegar a casa y dormir- le tire un beso por el celu, mientras ella todavía seguía puteando.
Y subí... en el fondo, me acomode en el ultimo de los 5 asientos, el que esta al lado de la puerta para bajar. Me quede dormido.
El ruido de los frenos clavándose en Mosconi y Artigas me despertó. Un fuerte impacto me hizo volar dos metros por el pasillo, cuando me estaba por incorporar escuche las ventanillas romperse en mil pedazos. Ahí estaba yo, tirado en el pasillo, preso del infierno rojo de la Línea 114.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Bancate ese defecto
No nos pudimos sacar de encima a Angelo en toda la noche. El tipo sabía lo que hacía, era un ser muy hábil en el arte de la seducción. Su sonrisa era abrumadora, casi felina, casi angelical; por ende, mortal. Cuando llegamos a lo de los viejos de Jorgelina, fue a la cocina y preparó café, mientras la mamá de Pecas intentaba comunicarse con alguna vecina de su hermana asesinada. Jorgelina hablaba en un rincón de la casa con su padre, yo caminaba por el living.
- Pablo... ¿un café?- el “sorprendente” Angelo al rescate.
- Gracias- agarre un pocillo y el tano se sirvió el último de la bandeja. Mi vista se perdió en una repisa llena de fotos de Jorgelina pequeña, con pecas en la cara como botones y un pelo rojizo anaranjado mandarina.
- Se convirtió en una gran mujer- murmuró Angelo.
- Si- sonreí, y generé el clásico silencio “bueno, tenemos que hablar”.
- Pablo... tenemos que hablar- dijo Angelo.- Voy a hacer todo lo que este a mi alcance para llevarme a Jorgelina de nuevo a Italia...
Durante unos segundos, la hostilidad de nuestras miradas fue preocupante; pero ninguno de los dos iba a perder la calma. No ahí, no en ese momento.
- Chicos... me voy a quedar con mi vieja, no esta bien- sentí el brazo de Pecas anudarse contra el mío.
- No hay problema... ¿necesitas algo más?- pregunté.
- No, Pabli, anda a dormir. Todavía no sabemos que hacer...- hizo una pausa, miro a Angelo.- Gracias por alcanzarnos, Angelo.
- Si puedo hacer algo me encantaría...- tejía el italiano.
- No, gracias- sonrío Pecas.- Hiciste mucho, gracias.
Salimos de la casa de Jorgelina en silencio. Angelo fue hasta su coche, yo hasta Nazca (los viejos de Pecas vivían en Flores) buscando tomar un taxi.
- Te alcanzo, Pablo- invitó Angelo.
- Prefiero caminar- encendí un cigarrillo y me fui caminando en silencio. Pude sentir el motor de Angelo, perderse entre los primeros ruidos de la mañana.
Eran las 6 de la mañana, espere un taxi que no vino jamás. Decidí caminar por Nazca hasta que en algún momento aparezca un 133, cuando estaba llegando a Mosconi sucedió lo inesperado. Mi celular tiró las notas de Detroit Rock City de Kiss. Soy un clásico. Mire el display. No era Pecas. No era Angelo. No era mi vieja.
- ¿Laurita?- era Laurita Mística.
- Pablo, soñe con vos...- y esa afirmación, viniendo de ella, no era una buena noticia.
Lo que viene a continuación es la narración pormenorizada de uno de los sucesos más extraños que viví en mi vida.
Pero primero, llego la hora de contarles sobre Laurita Mística.
- Pablo... ¿un café?- el “sorprendente” Angelo al rescate.
- Gracias- agarre un pocillo y el tano se sirvió el último de la bandeja. Mi vista se perdió en una repisa llena de fotos de Jorgelina pequeña, con pecas en la cara como botones y un pelo rojizo anaranjado mandarina.
- Se convirtió en una gran mujer- murmuró Angelo.
- Si- sonreí, y generé el clásico silencio “bueno, tenemos que hablar”.
- Pablo... tenemos que hablar- dijo Angelo.- Voy a hacer todo lo que este a mi alcance para llevarme a Jorgelina de nuevo a Italia...
Durante unos segundos, la hostilidad de nuestras miradas fue preocupante; pero ninguno de los dos iba a perder la calma. No ahí, no en ese momento.
- Chicos... me voy a quedar con mi vieja, no esta bien- sentí el brazo de Pecas anudarse contra el mío.
- No hay problema... ¿necesitas algo más?- pregunté.
- No, Pabli, anda a dormir. Todavía no sabemos que hacer...- hizo una pausa, miro a Angelo.- Gracias por alcanzarnos, Angelo.
- Si puedo hacer algo me encantaría...- tejía el italiano.
- No, gracias- sonrío Pecas.- Hiciste mucho, gracias.
Salimos de la casa de Jorgelina en silencio. Angelo fue hasta su coche, yo hasta Nazca (los viejos de Pecas vivían en Flores) buscando tomar un taxi.
- Te alcanzo, Pablo- invitó Angelo.
- Prefiero caminar- encendí un cigarrillo y me fui caminando en silencio. Pude sentir el motor de Angelo, perderse entre los primeros ruidos de la mañana.
Eran las 6 de la mañana, espere un taxi que no vino jamás. Decidí caminar por Nazca hasta que en algún momento aparezca un 133, cuando estaba llegando a Mosconi sucedió lo inesperado. Mi celular tiró las notas de Detroit Rock City de Kiss. Soy un clásico. Mire el display. No era Pecas. No era Angelo. No era mi vieja.
- ¿Laurita?- era Laurita Mística.
- Pablo, soñe con vos...- y esa afirmación, viniendo de ella, no era una buena noticia.
Lo que viene a continuación es la narración pormenorizada de uno de los sucesos más extraños que viví en mi vida.
Pero primero, llego la hora de contarles sobre Laurita Mística.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Transatlantico art decó
Era imposible que Angelo le caiga mal a alguien. Evidentemente, tenían mucho en común con Jorgelina, ella también le caía bien a todo el mundo. Angelo era un joven atractivo y emprendedor de muy buena posición económica, llegó a Buenos Aires por un laburo de comunicaciones satelitales en Bariloche. Tenía un perfecto español, con un acento impecable y seductor. Cocinaba excelentes platos mediterráneos, enamorado de los buenos vinos... en una semana aprendió el significado de una buena picada y saboreaba cada momento compartido con Pecas... y conmigo, porque no los dejaba ni un segundo solos. ¿O qué? ¿Debería?
En teoría, estaba de paso por Capital, se iba a quedar dos días. Ya había pasado una semana y no se iba, tenía un viaje planeado a Bariloche que aparentemente había encajonado.
- ¿Cuándo se va el tano?- le pregunte a Jorgelina.
- No se va...- se acurrucó en mi pecho.- Quiere que lo acompañe a Bariloche.
- ¿Qué? Lo mato- mentira, Angelo me ponía una mano encima y me escondía debajo del parquet. Pecas no dejó que me incorporara, suspire.- Creo que es obvio que el flaco sigue teniendo onda con vos...
- Lo se... me lo dijo.
- ¿Cuándo?- quería saber en qué momento me había descuidado.
- Hace dos días, cuando te llamaron del laburo y te fuiste a hablar a la cocina...- la puta madre.- No te preocupes, le dije que no venga más... Angelo no es un mal tipo, es un poco pesado cuando se le pone algo en la cabeza. Ya fue, le pedi que no me llame más...
Sonó el teléfono. Pecas atendió, era la madre. La cara de Jorgelina poco a poco se fue oscureciendo.
- ¿Te acordas de mi tía? ¿La que tiene un restaurante en New York?- dijo Pecas cuando cortó.
Recordé que Jorgelina me había hablado mucho de su “tía en New York”, era la mujer que le había enseñado de pequeña a cocinar cosas tan ricas. Un día se marcho dejando un recetario increíble de comidas secretas que Jorgelina sabía preparar muy bien. Me acordaba, claro que sí.
- Ayer entraron ladrones al restó, mi tía se negó a darles la plata y le dispararon...- nadie se adjudica los crímenes cuando son pequeños. Atentados cordiales, en lugares de elite. La inseguridad esta en todos lados, aunque uno puede pensar que no es así. La vida siempre nos recuerda que nos equivocamos. Siempre.
Nos vestimos rápidamente, al salir del edificio nos sorprendió Angelo. En sus manos, tenía un ramo de rosas rojas.
- Creo que no es un buen momento, Angelo- le dije, con cautela.- Acaba de fallecer la tía yanqui de Jorgelina. Nos estamos yendo.
Hubo un silencio. La situación era comprometida, las miradas decían mucho, y encerraban frases reveladoras. Descubrí que Angelo era un hábil negociador, un genial tejedor de situaciones ocasionales. Es una tarea precisa. Angelo era un jugador de poker.
- Tengo el auto en la esquina- Angelo arrojó las flores en el piso, como un paquete de cigarrillos.- Los llevo, ustedes diganme por dónde.
Monroe, Griveo, Nazca... El Infierno: Estación Terminal.
En teoría, estaba de paso por Capital, se iba a quedar dos días. Ya había pasado una semana y no se iba, tenía un viaje planeado a Bariloche que aparentemente había encajonado.
- ¿Cuándo se va el tano?- le pregunte a Jorgelina.
- No se va...- se acurrucó en mi pecho.- Quiere que lo acompañe a Bariloche.
- ¿Qué? Lo mato- mentira, Angelo me ponía una mano encima y me escondía debajo del parquet. Pecas no dejó que me incorporara, suspire.- Creo que es obvio que el flaco sigue teniendo onda con vos...
- Lo se... me lo dijo.
- ¿Cuándo?- quería saber en qué momento me había descuidado.
- Hace dos días, cuando te llamaron del laburo y te fuiste a hablar a la cocina...- la puta madre.- No te preocupes, le dije que no venga más... Angelo no es un mal tipo, es un poco pesado cuando se le pone algo en la cabeza. Ya fue, le pedi que no me llame más...
Sonó el teléfono. Pecas atendió, era la madre. La cara de Jorgelina poco a poco se fue oscureciendo.
- ¿Te acordas de mi tía? ¿La que tiene un restaurante en New York?- dijo Pecas cuando cortó.
Recordé que Jorgelina me había hablado mucho de su “tía en New York”, era la mujer que le había enseñado de pequeña a cocinar cosas tan ricas. Un día se marcho dejando un recetario increíble de comidas secretas que Jorgelina sabía preparar muy bien. Me acordaba, claro que sí.
- Ayer entraron ladrones al restó, mi tía se negó a darles la plata y le dispararon...- nadie se adjudica los crímenes cuando son pequeños. Atentados cordiales, en lugares de elite. La inseguridad esta en todos lados, aunque uno puede pensar que no es así. La vida siempre nos recuerda que nos equivocamos. Siempre.
Nos vestimos rápidamente, al salir del edificio nos sorprendió Angelo. En sus manos, tenía un ramo de rosas rojas.
- Creo que no es un buen momento, Angelo- le dije, con cautela.- Acaba de fallecer la tía yanqui de Jorgelina. Nos estamos yendo.
Hubo un silencio. La situación era comprometida, las miradas decían mucho, y encerraban frases reveladoras. Descubrí que Angelo era un hábil negociador, un genial tejedor de situaciones ocasionales. Es una tarea precisa. Angelo era un jugador de poker.
- Tengo el auto en la esquina- Angelo arrojó las flores en el piso, como un paquete de cigarrillos.- Los llevo, ustedes diganme por dónde.
Monroe, Griveo, Nazca... El Infierno: Estación Terminal.
martes, 17 de noviembre de 2009
The Butterfly Effect (2004)
“El Efecto Mariposa”, todo el mundo sabe qué es eso. La Teoría del Caos se basa en un montón de teoremas, reglas y efectos que intentan deducir las condiciones iniciales de los sistemas dinámicos (sistema que cambia, que empieza siendo una cosa y termina siendo otra). La Teoría del Caos estudia los momentos, situaciones e imprevistos que tuvieron lugar para que el sistema cambie. Algunos dicen que no “cambia”, sino que “evoluciona”. Hasta acá, cualquier persona que lee estas líneas podría suponer que se esta hablando de una rama de la Sociología, de la Antropología o de cualquier disciplina que estudie el amplio campo de las relaciones humanas y ciclos de acontecimientos. Bueno, no. La Teoría del Caos, sus teoremas, reglas y efectos, los sistemas dinámicos, el Efecto Mariposa... forman el objeto de estudio de los matemáticos modernos, es Matemática pura. En mi modesta opinión, esta mezcla de conceptos es algo que haría que el mismísimo Isaac Newton se revuelque en su tumba. No hay forma de mezclar los conceptos “evolución” y “cambio” con “los números”.
Los “nuevos” académicos dicen que con esta teoría matemática del caos, se pueden predecir cambios a largo y corto plazo en ámbitos totalmente contrapuestos; por ejemplo: la bolsa de valores, el sistema meteorológico y el recorrido del 114 que pasa a las 9 de la mañana por Lugones y Olazábal en Villa Urquiza. Odio a los “nuevos” estudiosos. Mezclar ciencias no conduce a nada, es un híbrido que no conduce a nada... y que solamente puede traer una sola cosa: caos, justamente.
Lo que dice el Efecto Mariposa (el posta, el enunciado matemático) es que dadas determinadas condiciones iniciales en un sistema dinámico, las mínimas modificaciones en estas condiciones pueden provocar un cambio, una evolución a condiciones actuales diferentes. O sea, un flor de kilombo en un punto determinado de nuestra historia. O no, o tal vez simplemente ayudar a que no pase nada.
Por ejemplo, si yo no me hubiera comprado lentes de sol con aumento para mis primeras vacaciones en Brasil, probablemente nunca hubiera conocido a Pecas. Lo más seguro es que nuestro primer encuentro no hubiera existido nunca. Jamás nos hubiésemos chocado al salir del ascensor, la botella de Mónica di Sardegna jamás se hubiera roto... y todo esto por no usar lentes. Los lentes de sol con aumento fueron mi “condición inicial”. A partir de ahí, el caos. ¿Por qué? Porque después de mucho tiempo, entendí que jamás tendría que haber conocido a Jorgelina Pecas.
El Efecto Mariposa apesta.
La película, por el contrario, es bastante entretenida.
Todo el mundo vio The Butterfly Effect, con Ashton Kutcher y esa rubia hermosa llamada Amy Smart. Jorgelina Pecas y yo, también. Cine, estreno 2004, más o menos a principios de octubre. Llegábamos a nuestro edificio charlando sobre la película, pensando en tomar algo en su depto y quedarnos ahí, cuando una persona se asomó por el umbral de entrada. Un tipo de unos 35 años, morocho, ojos negros como la noche, bien parecido, elegante.
- ¿Jorgelina?- dijo el morocho.
- ¿Angelo?- pude sentir la mano de Jorgelina desprendiéndose de mi brazo.
Se abrazaron durante un largo minuto delante mío. Mientras intentaba categorizar el abrazo (cariñoso, intenso, muy cariñoso, muy intenso), Jorgelina me agarro la mano y se acercó a mi brazo.
- Pablo... el es Angelo- nos presentó.- Con Angelo estuvimos saliendo cuando estuve en Italia, hace un par de años...
Un meteorólogo yanqui dijo que gracias a los enunciados de la Teoría del Caos -precisamente, al Efecto Mariposa- pudo predecir ciertos aspectos climáticos y atmosféricos, introduciendo pequeños cambios para adivinar catástrofes. Fue el tipo que dijo “el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede provocar un huracán en New York”.
Precisamente, hablando de huracanes...
Los “nuevos” académicos dicen que con esta teoría matemática del caos, se pueden predecir cambios a largo y corto plazo en ámbitos totalmente contrapuestos; por ejemplo: la bolsa de valores, el sistema meteorológico y el recorrido del 114 que pasa a las 9 de la mañana por Lugones y Olazábal en Villa Urquiza. Odio a los “nuevos” estudiosos. Mezclar ciencias no conduce a nada, es un híbrido que no conduce a nada... y que solamente puede traer una sola cosa: caos, justamente.
Lo que dice el Efecto Mariposa (el posta, el enunciado matemático) es que dadas determinadas condiciones iniciales en un sistema dinámico, las mínimas modificaciones en estas condiciones pueden provocar un cambio, una evolución a condiciones actuales diferentes. O sea, un flor de kilombo en un punto determinado de nuestra historia. O no, o tal vez simplemente ayudar a que no pase nada.
Por ejemplo, si yo no me hubiera comprado lentes de sol con aumento para mis primeras vacaciones en Brasil, probablemente nunca hubiera conocido a Pecas. Lo más seguro es que nuestro primer encuentro no hubiera existido nunca. Jamás nos hubiésemos chocado al salir del ascensor, la botella de Mónica di Sardegna jamás se hubiera roto... y todo esto por no usar lentes. Los lentes de sol con aumento fueron mi “condición inicial”. A partir de ahí, el caos. ¿Por qué? Porque después de mucho tiempo, entendí que jamás tendría que haber conocido a Jorgelina Pecas.
El Efecto Mariposa apesta.
La película, por el contrario, es bastante entretenida.
Todo el mundo vio The Butterfly Effect, con Ashton Kutcher y esa rubia hermosa llamada Amy Smart. Jorgelina Pecas y yo, también. Cine, estreno 2004, más o menos a principios de octubre. Llegábamos a nuestro edificio charlando sobre la película, pensando en tomar algo en su depto y quedarnos ahí, cuando una persona se asomó por el umbral de entrada. Un tipo de unos 35 años, morocho, ojos negros como la noche, bien parecido, elegante.
- ¿Jorgelina?- dijo el morocho.
- ¿Angelo?- pude sentir la mano de Jorgelina desprendiéndose de mi brazo.
Se abrazaron durante un largo minuto delante mío. Mientras intentaba categorizar el abrazo (cariñoso, intenso, muy cariñoso, muy intenso), Jorgelina me agarro la mano y se acercó a mi brazo.
- Pablo... el es Angelo- nos presentó.- Con Angelo estuvimos saliendo cuando estuve en Italia, hace un par de años...
Un meteorólogo yanqui dijo que gracias a los enunciados de la Teoría del Caos -precisamente, al Efecto Mariposa- pudo predecir ciertos aspectos climáticos y atmosféricos, introduciendo pequeños cambios para adivinar catástrofes. Fue el tipo que dijo “el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede provocar un huracán en New York”.
Precisamente, hablando de huracanes...
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