Siempre dije que cada historia puede ser contada de muchas formas. Son miles las puertas que una historia abre, miles las formas de entrar y recorrer ese camino.
Hace mucho tiempo, un psicólogo estadunidense tenía mucho tiempo libre y se puso a analizar el contenido de los comics. El tipo llegó a la conclusión de que los jóvenes estaban amargados y que "el" culpable de tanta tristeza eran -sorpresa- "los" comics. A partir de este análisis se creó el Comic Code Autorithy (CCA), un organismo que regulaba los contenidos de los comics. La idea era alejar a la juventud de cualquier cosa que fuera peligrosa para sus mentes.
Los análisis del psicólogo fueron motivados por un paciente que se confesó homosexual y admitió que leía comics de Batman. Entonces, el doctor llegó a la conclusión que los comics de Batman, llevaban a los inocentes a la homosexualidad, así que escribió un libro llamado "La seducción del inocente". El psicólogo se volvió millonario, su paciente se suicido.
Es increíble como uno siempre encuentra al análisis justo a determinada vivencia años después de experimentarla. Eso pasa mucho, y generalmente empieza con un “cuando yo era chico…” o con un “una vez me acuerdo que éramos chicos y…”
Una vez me acuerdo que éramos chicos y… entramos a la usina abandonada de Coghlan. Me escondí dentro de un pasillo largo que terminaba en una puerta cerrada. Sobre las paredes, unas maderas que dejaban un hueco interesante entre pared y madera. Desde ese lugar pude ver como la reciente lluvia de verano estaba mojando una revista. Era una historieta del Hombre Araña, estire mi mano para salvarla. Salí un poco de mi escondite para agarrar la historieta.
El primer comic en cagarse en el CCA fue una saga de Spiderman en la que Harry Osborn tomaba drogas por problemas familiares, mientras el Peter Parker cagaba a trompadas al dealer de Harry.
Además de todo eso, fue el primer comic que tuve en mis manos.
Volví a mi escondite, y me quedé ahí… leyendo.
La lluvia se hacía cada vez más fuerte.
viernes, 16 de julio de 2010
martes, 13 de julio de 2010
viernes, 9 de julio de 2010
Piedra libre
Siempre me pregunté por qué la mayoría de la gente grande recuerda a la escondida clásica como uno de los mejores juegos inventados y posibles de ser jugados hasta el hartazgo durante la niñez. Psicológicamente creo que encierra un par de aspectos interesantes. No soy psicólogo, pero me gustaría analizar esto a la luz de mi propia experiencia. Mi teoría es que cuando somos chicos nos escondemos porque sentimos la necesidad de saber que podemos volver a salir de ahí, de encontrar la salida. Es decir, buscamos el mejor lugar, el clandestino, el ajeno a los ojos del buscador, pero a la vez… necesitamos saber que podemos salir de ahí, que somos nosotros los que entendemos el significado de la búsqueda.
Bien, la “escondida hormiguero” no tiene demasiados secretos. Es -técnicamente- igual a la “escondida clásica”, pero en lugar de tener “alguien que busca” y “muchos que se esconden”, en la “escondida hormiguero” existen la multiplicidad de roles: todos buscan, todos se esconden… todos a la vez.
En la práctica funcionaria así: se pauta un número (100, por ejemplo), todos salen corriendo buscando su escondite mientras van contando hasta 100 mentalmente, una vez que todos están escondidos, es obligatorio que todos salgan de su lugar a buscar a los demás. ¿Inentendible? En la práctica, créanme, funciona. Llegado un punto, nos vamos encontrando, y así, se van formando grupos de búsqueda.
Ustedes pueden pensar que el juego no tiene demasiado sentido jugado de esa manera. Tiene derecho a pensar que el juego se agotaba al primer encuentro: y porque al final era un todos contra todos sin sentido. No los culpo por eso.
Lo bueno de la “escondida hormiguero” es que la seguimos jugando durante mucho tiempo, con el correr de los años con más o menos éxito. La última vez que la jugamos fue en mi despedida de soltero, y voy a guardarme esta anécdota para un futuro cercano.
Volviendo a nuestro último verano, ustedes pueden pensar que no tenía mucho sentido jugar el juego de esa manera, que es peligroso jugarlo así en una usina abandonada. Sin embargo, a todos nos pareció interesante.
Buscamos ciertas emociones estúpidas y, también, reinventar las que ya conocemos. Eso hicimos.
Cuando mis números llegaban a 60, encontré un fantástico lugar para esconderme. Había un pasillo largo que terminaba en una puerta cerrada, apoyadas sobre las paredes, unas maderas, dejando un hueco interesante entre pared y madera, me ubiqué sin hacer mucho ruido.
Espere… 100.
Se escuchó el primer trueno, lluvia de verano.
Bien, la “escondida hormiguero” no tiene demasiados secretos. Es -técnicamente- igual a la “escondida clásica”, pero en lugar de tener “alguien que busca” y “muchos que se esconden”, en la “escondida hormiguero” existen la multiplicidad de roles: todos buscan, todos se esconden… todos a la vez.
En la práctica funcionaria así: se pauta un número (100, por ejemplo), todos salen corriendo buscando su escondite mientras van contando hasta 100 mentalmente, una vez que todos están escondidos, es obligatorio que todos salgan de su lugar a buscar a los demás. ¿Inentendible? En la práctica, créanme, funciona. Llegado un punto, nos vamos encontrando, y así, se van formando grupos de búsqueda.
Ustedes pueden pensar que el juego no tiene demasiado sentido jugado de esa manera. Tiene derecho a pensar que el juego se agotaba al primer encuentro: y porque al final era un todos contra todos sin sentido. No los culpo por eso.
Lo bueno de la “escondida hormiguero” es que la seguimos jugando durante mucho tiempo, con el correr de los años con más o menos éxito. La última vez que la jugamos fue en mi despedida de soltero, y voy a guardarme esta anécdota para un futuro cercano.
Volviendo a nuestro último verano, ustedes pueden pensar que no tenía mucho sentido jugar el juego de esa manera, que es peligroso jugarlo así en una usina abandonada. Sin embargo, a todos nos pareció interesante.
Buscamos ciertas emociones estúpidas y, también, reinventar las que ya conocemos. Eso hicimos.
Cuando mis números llegaban a 60, encontré un fantástico lugar para esconderme. Había un pasillo largo que terminaba en una puerta cerrada, apoyadas sobre las paredes, unas maderas, dejando un hueco interesante entre pared y madera, me ubiqué sin hacer mucho ruido.
Espere… 100.
Se escuchó el primer trueno, lluvia de verano.
martes, 6 de julio de 2010
Los condenaditos
Hay una época misteriosa del ser humano. Es un momento que muy pocas personas tienen la capacidad de controlar. Hablo de aquella puerta que se abre a un nuevo mundo, lleno de dolores profundos y alegrías incomprensibles. Esa época siniestra, entre la niñez y la adolescencia, llamada “preadolescencia”.
Nuestro último verano, “el verano en capital” como solemos llamarlo, fue un vertiginoso viaje al mundo barrial. Redescubrimos el barrio con ojos enormes, enamorados de cada detalle. El viaje de aventuras iniciadas al terminar 7mo grado comenzó cuando Bruno dijo “estoy aburrido”, sentado en las vías muertas de la Estación Coghlan. Eso fue el puntapié inicial de todo, las propuestas no tardaron en llegar.
Pato propuso entra a la casa abandonada de Donado y la vía de Drago. Alejandro quería entrar a la usina eléctrica de Coghlan. Diego quería meterse en la morgue del Pirovano y ver un muerto. La fallida (para nosotros, no para Nuria Vainilla) historia de la morgue del Pirovano ya la conocen.
- Algo distinto, algo podamos recordar durante años- dijo Alejandro.
- ¿Cómo ver un muerto? Somos un desastre, no servimos… Somos “chicos doble escolaridad”- la cara de Martín se ensombreció.
- Yo estoy investigando- la voz de Pato sonaba muy seria, lo miramos.- Si, investigo cuales son las casas abandonas del barrio para poder entrar.
- Bueno, pero algo tenemos que hacer hoy- insistió Alejandro.- Creo que entrar a la Usina abandonada es lo mejor, nos vamos a cagar de risa, seguro.
- ¿Le aviso a Nuria?- preguntó Bruno.
- Mejor no, a ver si es la única que se anima a entrar- concluyó Diego con una sonrisa.
Entonces, caminamos por la plaza de la estación. No era un recorrido difícil, la Usina estaba sobre Monroe (y todavía sigue ahí). Me detuve un segundo a mirar una pequeña habitación pegada a la Sala de Espera para Señoras de la estación. Era la biblioteca, por la ventana se podían ver una gran cantidad de libros donados; una placa junto a la puerta decía: fundada en 1967. La biblioteca pública Bartolomé Mitre es la primera (y todavía se cree que única) biblioteca que funciona en una estación ferroviaria. Hay una historia muy interesante con respecto a esta biblioteca, ocurrió en 1991. Lamentablemente, nunca hay tiempo para todas las historias. Pero algún día, se las voy a contar.
La vieja usina de Coghlan es un edificio enorme; para nosotros, en ese momento, gigantesco. Fue construida por una empresa de ferrocarriles en 1929, cuando comenzaron a electrificarse las vías de los trenes. Al pasar los años, la usina dejo de servir para su propósito original y fue abandonada por sus trabajadores. Y ahí la encontramos nosotros… en toda su inmensidad.
- Bueno, hacemos esto y después basta. Cortémosla con las pendejadas- dijo Martín.- Esta tiene que ser nuestra despedida de la primaria.
- Nos queda entrar a una casa abandonada- murmuró Pato.
Entremos- Bruno fue el primer valiente en intentar trepar las rejas de corte inglés que rodeaban el edificio, Diego lo detuvo.
- Esperen… tengo una idea. ¿Y si inventamos un juego dentro de la usina?- propuso Diego.
Todos pensábamos que sería una idea interesante.
Fue el día que inventamos la “escondida hormiguero”, un juego que volvimos a jugar con el correr de los años en diferentes ocasiones. Lo bueno de la “escondida hormiguero” es que, como verán mas adelante, no se necesita tener 12 años para jugarla.
Pero claro, ese día no lo sabíamos.
Era una hermosa tarde de verano, ni una nube en el cielo.
Eran las 15.30 cuando cada uno de nosotros fue saltando las rejas de la vieja y abandonada usina, dando por fin, inicio a nuestra primer "escondida hermoguero".
En ese preciso instante, el cielo se nubló.
Nuestro último verano, “el verano en capital” como solemos llamarlo, fue un vertiginoso viaje al mundo barrial. Redescubrimos el barrio con ojos enormes, enamorados de cada detalle. El viaje de aventuras iniciadas al terminar 7mo grado comenzó cuando Bruno dijo “estoy aburrido”, sentado en las vías muertas de la Estación Coghlan. Eso fue el puntapié inicial de todo, las propuestas no tardaron en llegar.
Pato propuso entra a la casa abandonada de Donado y la vía de Drago. Alejandro quería entrar a la usina eléctrica de Coghlan. Diego quería meterse en la morgue del Pirovano y ver un muerto. La fallida (para nosotros, no para Nuria Vainilla) historia de la morgue del Pirovano ya la conocen.
- Algo distinto, algo podamos recordar durante años- dijo Alejandro.
- ¿Cómo ver un muerto? Somos un desastre, no servimos… Somos “chicos doble escolaridad”- la cara de Martín se ensombreció.
- Yo estoy investigando- la voz de Pato sonaba muy seria, lo miramos.- Si, investigo cuales son las casas abandonas del barrio para poder entrar.
- Bueno, pero algo tenemos que hacer hoy- insistió Alejandro.- Creo que entrar a la Usina abandonada es lo mejor, nos vamos a cagar de risa, seguro.
- ¿Le aviso a Nuria?- preguntó Bruno.
- Mejor no, a ver si es la única que se anima a entrar- concluyó Diego con una sonrisa.
Entonces, caminamos por la plaza de la estación. No era un recorrido difícil, la Usina estaba sobre Monroe (y todavía sigue ahí). Me detuve un segundo a mirar una pequeña habitación pegada a la Sala de Espera para Señoras de la estación. Era la biblioteca, por la ventana se podían ver una gran cantidad de libros donados; una placa junto a la puerta decía: fundada en 1967. La biblioteca pública Bartolomé Mitre es la primera (y todavía se cree que única) biblioteca que funciona en una estación ferroviaria. Hay una historia muy interesante con respecto a esta biblioteca, ocurrió en 1991. Lamentablemente, nunca hay tiempo para todas las historias. Pero algún día, se las voy a contar.
La vieja usina de Coghlan es un edificio enorme; para nosotros, en ese momento, gigantesco. Fue construida por una empresa de ferrocarriles en 1929, cuando comenzaron a electrificarse las vías de los trenes. Al pasar los años, la usina dejo de servir para su propósito original y fue abandonada por sus trabajadores. Y ahí la encontramos nosotros… en toda su inmensidad.
- Bueno, hacemos esto y después basta. Cortémosla con las pendejadas- dijo Martín.- Esta tiene que ser nuestra despedida de la primaria.
- Nos queda entrar a una casa abandonada- murmuró Pato.
Entremos- Bruno fue el primer valiente en intentar trepar las rejas de corte inglés que rodeaban el edificio, Diego lo detuvo.
- Esperen… tengo una idea. ¿Y si inventamos un juego dentro de la usina?- propuso Diego.
Todos pensábamos que sería una idea interesante.
Fue el día que inventamos la “escondida hormiguero”, un juego que volvimos a jugar con el correr de los años en diferentes ocasiones. Lo bueno de la “escondida hormiguero” es que, como verán mas adelante, no se necesita tener 12 años para jugarla.
Pero claro, ese día no lo sabíamos.
Era una hermosa tarde de verano, ni una nube en el cielo.
Eran las 15.30 cuando cada uno de nosotros fue saltando las rejas de la vieja y abandonada usina, dando por fin, inicio a nuestra primer "escondida hermoguero".
En ese preciso instante, el cielo se nubló.
viernes, 2 de julio de 2010
martes, 29 de junio de 2010
Cuando voy al trabajo
El miércoles que viene -mañana- se cumplen 4 meses de mi nuevo trabajo. No me quejo, fue duro. Por momentos pensé que iba a ser mi Wateloo laboral, por suerte no fue así. Evidentemente, el cambio fue brusco. Me di cuenta que las cosas iban a cambiar, ya no se trataba de labural para eventos familiares y corporativos, ni escribir guiones, ni “cuentitos”. De un día para otro me convertí en periodista parlamentario, asesor de prensa del jefe de Elizabeth Veterana, y gacetillero full time. En mayo, Elizabeth me preguntó si quería organizar las charlas de su jefe en universidades y barriadas. Dije que sí, con lo cual estaba agregando mas trabajo al que ya tenía. Cada decisión tomada, generaba otra más.
La decisión más sensata que pude tomar fue impulsada por Gabriel. “Vamos a dejar de laboral en la agencia de eventos, es imposible, con tu laboral mas el mío en la editorial, no llegamos... Mejor irnos ahora, y dejar la puerta abierta; de última, podemos tomar laburos específicos”, me dijo. Me pareció una buena idea. Así que cambié la organización de eventos familiares y corporativos, por la gestión de eventos políticos.
La buena noticia: la obra de teatro que escribimos con Gabriel fue seleccionada para participar en un festival de teatro hispano en Washington. Estuve dos semanas con una sonrisa de pelotudo increíble, valió la pena todo el esfuerzo que le pusimos a eso.
Seguí escribiendo los cuentos para la editorial de Gabriel, algo que se convirtió en uno de mis cables a tierra.
También durante febrero, mientras me aclimataba a mi nuevo laburo, reemplace en el Paseo la Plaza al amigo de Alejandro. Hacer reír a la gente es algo muy difícil. Fueron 4 funciones increíbles, con mucha gente conocida y otra tanta que no sabía ni donde se estaba metiendo. Una experiencia que sirvió para que confirme que me tengo que dedicar a escribir y no a actuar. Alejandro dijo que no estuvo tan mal, y que le gustaría hacer algo conmigo, entre amigos, para después del mundial. ¿Quién sabe? Lo bueno es que fue otro lindo cable a tierra.
Mi nuevo trabajo es agobiante y demandante. He conocido gente siniestra, gente noble y víboras de todo tipo. Son muchas horas, pero poco a poco me fui acomodando a todo. Los dolores de cabezas y la presión el pecho siempre están... ya me acostumbre.
Tuve que desempolvar un montón de apuntes de cuando estudié Periodismo en el TEA, y otros tantos de Comunicación Social. Fue como empezar de nuevo, nacer profesionalmente de nuevo... Estoy agradecido, Elizabeth es una gran mentora.
Así están las cosas ahora, tranquilas y (todavía) acostumbrándome a este nuevo mundo laboral.
Hasta aquí, y por el momento, voy a dejar de aburrirlos con temas laborales.
Lo se, ustedes quieren historias... ya vienen, no sean impacientes.
La decisión más sensata que pude tomar fue impulsada por Gabriel. “Vamos a dejar de laboral en la agencia de eventos, es imposible, con tu laboral mas el mío en la editorial, no llegamos... Mejor irnos ahora, y dejar la puerta abierta; de última, podemos tomar laburos específicos”, me dijo. Me pareció una buena idea. Así que cambié la organización de eventos familiares y corporativos, por la gestión de eventos políticos.
La buena noticia: la obra de teatro que escribimos con Gabriel fue seleccionada para participar en un festival de teatro hispano en Washington. Estuve dos semanas con una sonrisa de pelotudo increíble, valió la pena todo el esfuerzo que le pusimos a eso.
Seguí escribiendo los cuentos para la editorial de Gabriel, algo que se convirtió en uno de mis cables a tierra.
También durante febrero, mientras me aclimataba a mi nuevo laburo, reemplace en el Paseo la Plaza al amigo de Alejandro. Hacer reír a la gente es algo muy difícil. Fueron 4 funciones increíbles, con mucha gente conocida y otra tanta que no sabía ni donde se estaba metiendo. Una experiencia que sirvió para que confirme que me tengo que dedicar a escribir y no a actuar. Alejandro dijo que no estuvo tan mal, y que le gustaría hacer algo conmigo, entre amigos, para después del mundial. ¿Quién sabe? Lo bueno es que fue otro lindo cable a tierra.
Mi nuevo trabajo es agobiante y demandante. He conocido gente siniestra, gente noble y víboras de todo tipo. Son muchas horas, pero poco a poco me fui acomodando a todo. Los dolores de cabezas y la presión el pecho siempre están... ya me acostumbre.
Tuve que desempolvar un montón de apuntes de cuando estudié Periodismo en el TEA, y otros tantos de Comunicación Social. Fue como empezar de nuevo, nacer profesionalmente de nuevo... Estoy agradecido, Elizabeth es una gran mentora.
Así están las cosas ahora, tranquilas y (todavía) acostumbrándome a este nuevo mundo laboral.
Hasta aquí, y por el momento, voy a dejar de aburrirlos con temas laborales.
Lo se, ustedes quieren historias... ya vienen, no sean impacientes.
viernes, 25 de junio de 2010
martes, 22 de junio de 2010
Mentira
- ¿Cómo te fue con Elizabeth?- preguntó Victoria, durante la cena.
- Bien… La oferta es buena.
- ¿Vas a poder con todo?
- Sí, creo que si- respondí, pensando que debería aceptar mi condición de “mentiroso compulsivo”.
Se lo que están pensando. A mi favor, puedo decir que siempre tuve la delicadeza de nunca mentir sobre cosas realmente importantes.
- ¿Qué opina Gabriel?- Victoria, mientras se servía un poco de gaseosa.
Opina que es buenísimo, si esto va bien, nos puede dar un gran empujón…
- ¿Y Alejandro? ¿No le confirmaste que ibas a hacer un par de funciones hasta que el actor se recupere?
- Bueno, pero… Ese texto lo escribí yo, me lo conozco de memoria, Vi.
- ¿Vas a poder con todo?
- Si...
Definitivamente, debería aceptar mi condición de “mentiroso compulsivo”. Lo bueno es que tengo bastante suerte en el día a día. Como en este mundo no hay muchas cosas “realmente importantes”, eso me deja mucho margen para mentir.
- Bien… La oferta es buena.
- ¿Vas a poder con todo?
- Sí, creo que si- respondí, pensando que debería aceptar mi condición de “mentiroso compulsivo”.
Se lo que están pensando. A mi favor, puedo decir que siempre tuve la delicadeza de nunca mentir sobre cosas realmente importantes.
- ¿Qué opina Gabriel?- Victoria, mientras se servía un poco de gaseosa.
Opina que es buenísimo, si esto va bien, nos puede dar un gran empujón…
- ¿Y Alejandro? ¿No le confirmaste que ibas a hacer un par de funciones hasta que el actor se recupere?
- Bueno, pero… Ese texto lo escribí yo, me lo conozco de memoria, Vi.
- ¿Vas a poder con todo?
- Si...
Definitivamente, debería aceptar mi condición de “mentiroso compulsivo”. Lo bueno es que tengo bastante suerte en el día a día. Como en este mundo no hay muchas cosas “realmente importantes”, eso me deja mucho margen para mentir.
viernes, 18 de junio de 2010
Donde van las almas
Se sabe, o por lo menos, muchos intuyen que: el hombre es un ser vivo compuesto de cuerpo o materia y alma o espíritu. Lo evidente no necesita ser demostrado, el cuerpo del hombre es algo evidente, así que no necesita demostración alguna. El alma, por el contrario... es otra cosa.
Aquella tarde, en Pueyrredón y Santa Fé, cuando Elizabeth Veterana terminó de hablar, bebió de un sorbo lo último que quedaba de su cortado en jarrito y me miro, expectante. También, dejó de sonreír, mientras colocaba dos sobres en la mesa. El primero, de color madera; el otro, blanco, mas pequeño, sin una sombra de suciedad.
- Lo que mi jefe esta buscando es alguien que cumpla todos estos requisitos, creo que no es nada que vos no puedas hacer - dijo señalando el sobre de color madera.- Y en este tu contrato y lo que se te estaría pagando- apoyo su mano en el sobre blanco.
- Te agradezco la confianza... a ver...- intente agarrar el sobre madera, pero Elizabeth apoyo el sobre blanco arriba.
- Creo que primero tendrías que ver el “número”- dijo sonriendo.
Como les decía, el alma es otra cosa, y aquella tarde yo vendí la mía.
Aquella tarde, en Pueyrredón y Santa Fé, cuando Elizabeth Veterana terminó de hablar, bebió de un sorbo lo último que quedaba de su cortado en jarrito y me miro, expectante. También, dejó de sonreír, mientras colocaba dos sobres en la mesa. El primero, de color madera; el otro, blanco, mas pequeño, sin una sombra de suciedad.
- Lo que mi jefe esta buscando es alguien que cumpla todos estos requisitos, creo que no es nada que vos no puedas hacer - dijo señalando el sobre de color madera.- Y en este tu contrato y lo que se te estaría pagando- apoyo su mano en el sobre blanco.
- Te agradezco la confianza... a ver...- intente agarrar el sobre madera, pero Elizabeth apoyo el sobre blanco arriba.
- Creo que primero tendrías que ver el “número”- dijo sonriendo.
Como les decía, el alma es otra cosa, y aquella tarde yo vendí la mía.
martes, 15 de junio de 2010
Careless talk
- Son las dos de la mañana, Pablo- la voz de Victoria sonaba frustrada.
- Ya se, perdón.
- No podes estar en la calle a esta hora, habíamos quedado que no ibas a laburar así- “así” era la forma que Victoria utilizaba para llamarme “adicto al trabajo, enfermo, obsesivo”.
- Perdón.
- ¿Dónde estás?
- En Urquiza.
- Pablo... ¿Qué haces ahí? ¿A qué hora pensás llegar?
- Hoy a la mañana pase por lo de mi vieja, y me olvide el cargador de la notebook.
- O sea que vas a llegar a las 3 de la mañana.
- Dos y media, me tomo un taxi- hubo un silencio, un silencio “no lindo”.- Te quiero, Victoria. Y... perdón.
- Habíamos quedado que no ibas a laburar “así”, lo prometiste. Si hubiera sabido que iba a pasar esto, nunca te hubiera dejado aceptar la mina esa- se refería a Elizabeth Veterana.
- Perdón. Quiero que te acuestes, que duermas, vos mañana te despertás temprano.
- Y vos te despertas a las seis.
- Ya se...
- Y son las dos.
- Ya se...
- “Ya sé y perdón” son las palabras que mas veces te escuche decir en los últimos dos meses.
- También me escuchaste decir “te quiero”- otro silencio, un poco menos feo.
- Yo también te quiero- suspiró Victoria.- ¿Cenaste?
- No.
- Te hago un churrasco, apurate. Nos vamos a dormir, por lo menos tres horas de sueño. Es lo mínimo que podes hacer, dormir y dejarte de joder con el laburo- Victoria hizo una pausa, y un ruido con su boca, como explotando un poco de saliva en el paladar cuando algo no sale bien.- Te vuelvo a repetir: baja un cambio. O algo va a salir mal, no quiero tener que te pase nada.
- No me va a pasar nada, es el ritmo que elegí para mi vida, Vi.
- Te quiero, idiota.
Esta charla tuvo lugar los primeros días de mayo. Victoria tenía razón. Una semana después empezaron los dolores de cabeza. Algunos días mas tarde de la primer aguje de tejer atravesando mi ojo derecho, me di cuenta que Victoria tenái razón.
Nunca debí aceptar la oferta de Elizabeth Veterana.
- Ya se, perdón.
- No podes estar en la calle a esta hora, habíamos quedado que no ibas a laburar así- “así” era la forma que Victoria utilizaba para llamarme “adicto al trabajo, enfermo, obsesivo”.
- Perdón.
- ¿Dónde estás?
- En Urquiza.
- Pablo... ¿Qué haces ahí? ¿A qué hora pensás llegar?
- Hoy a la mañana pase por lo de mi vieja, y me olvide el cargador de la notebook.
- O sea que vas a llegar a las 3 de la mañana.
- Dos y media, me tomo un taxi- hubo un silencio, un silencio “no lindo”.- Te quiero, Victoria. Y... perdón.
- Habíamos quedado que no ibas a laburar “así”, lo prometiste. Si hubiera sabido que iba a pasar esto, nunca te hubiera dejado aceptar la mina esa- se refería a Elizabeth Veterana.
- Perdón. Quiero que te acuestes, que duermas, vos mañana te despertás temprano.
- Y vos te despertas a las seis.
- Ya se...
- Y son las dos.
- Ya se...
- “Ya sé y perdón” son las palabras que mas veces te escuche decir en los últimos dos meses.
- También me escuchaste decir “te quiero”- otro silencio, un poco menos feo.
- Yo también te quiero- suspiró Victoria.- ¿Cenaste?
- No.
- Te hago un churrasco, apurate. Nos vamos a dormir, por lo menos tres horas de sueño. Es lo mínimo que podes hacer, dormir y dejarte de joder con el laburo- Victoria hizo una pausa, y un ruido con su boca, como explotando un poco de saliva en el paladar cuando algo no sale bien.- Te vuelvo a repetir: baja un cambio. O algo va a salir mal, no quiero tener que te pase nada.
- No me va a pasar nada, es el ritmo que elegí para mi vida, Vi.
- Te quiero, idiota.
Esta charla tuvo lugar los primeros días de mayo. Victoria tenía razón. Una semana después empezaron los dolores de cabeza. Algunos días mas tarde de la primer aguje de tejer atravesando mi ojo derecho, me di cuenta que Victoria tenái razón.
Nunca debí aceptar la oferta de Elizabeth Veterana.
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