Como se podría haber esperado, los primeros seis meses de matrimonio fueron como una prolongada luna de miel. Básicamente, no hubo muchos cambios en nuestras rutinas. Victoria y yo manteníamos una “casi” convivencia desde hacía dos años (un poco más) antes de casarnos. Por lo tanto, no hubo sorpresas en ese aspecto.
Algunos de mis amigos casados me dijeron que los primeros seis de meses eran una prueba de fuego, que la diferencia la marcaban la ceremonia, la libreta y ese pedacito de papel que decía “matrimonio”. Dijeron que las cosas habían cambiado para ellos, que se les había hecho muy difícil.
En mi caso, no hubo sorpresas que vengan desde la convivencia. Con Victoria ya teníamos en claro que queríamos cuando pensamos en casarnos: formar una familia, ser felices, cuidarnos mutuamente, tener una casa con patio o un departamento grande con balcón-terraza (de esos donde podes poner una mesita con sillas y tomar mate).
Nuestra única diferencia de criterios es con respecto a “formar una familia”. Yo quería tener hijos a la brevedad. Me hubiera gustado culminar el año esperando un bebe. Victoria, por el contrario, quiere esperar un poco más. Como dice el refrán, “si uno no quiere, dos no pueden”. Decidimos esperar, decidí esperar. No hubo sorpresas con respecto a este tema.
Somos felices, nos cuidados; eso lo tenemos claro. Con respecto a la vivienda, el departamento de Belgrano R cumple perfectamente el sueño de poder “formar una familia”. Son cuatro ambientes, cortesía de la abuela de Victoria. No tiene balcón-terraza, pero es más que suficiente para empezar. Tampoco hubo sorpresas en este tema.
El principal reto de una pareja de recién casados es elaborar un plan financiero conjunto que les permita realizar todos sus sueños, un soporte económico donde ambas partes puedan ser felices. Victoria trabaja en una agencia de publicidad pequeña como diseñadora multimedial. Esa es su única entrada de dinero, además de algún laburo de diseño de logos o afiches. No esta tan mal. En mi caso, siempre labure de más, mi idea para generar entradas de dinero (además del alquiler de mi departamento), fue tejer una red laboral que me permita y siempre dentro de lo que me gusta hacer: escribir. Sin sorpresas, económicamente estamos bien, levantando cabeza después de los gastos del año pasado. Casarse es básicamente ser el boquetero de tu propia cuenta bancaria; pero bueno, se sale, con una buena organización, se sale. Por lo tanto, no hubo sorpresas económicas tampoco.
Las sorpresas vinieron de afuera, claro. La llegada de Bruno, y los recuerdos. La propuesta laboral de Elizabeth Veterana, y mi decisión. Mariana Pizza y la necesidad de alguien confiable para contenidos artísticos de radio. Alejandro, mi querido Alejando, y sus terribles ganas de hacerme cruzar la enorme línea que separa al “tipo que escribe” del “tipo que actúa y escribe”. Estas fueron las sorpresas, las descaradas sorpresas. Y cada una de estas sorpresas, llevó a una decisión fundamental.
La primera de todas, el primer encuentro, fue a fines de febrero de este año, cuando decidí encontrarme con Elizabeth Veterana y escuchar su oferta. Fue algo que cambió mi vida, que produjo ausencias involuntarias y la caída en un mundo lleno de anécdotas y oscuridades.
De eso se trató mi ausencia, de no saber decir "no".
viernes, 11 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
It's about nothing
“¡Patricia, la puta que te parió!”, pensé.
- Pibe, ¿tenes un cigarrillo?- le di a Franelita un Philip Morris, y rápidamente lo colocó en su boca mientras me miraba de costado.- ¿Me das otro para después de cenar?
- Claro- en el paquete había cinco puchos, me acordé que tenía otro cerrado en el morral.- Quedese con el paquete, tengo otro.
- Gracias, pibe…- el tipo no dejaba de mirarme, estudiándome, en silencios interminables.- Que raro...- murmuró al fin.
- ¿Cómo?
- Que raro... No te pareces en nada a tu viejo. Tus hermanas, si. Vos tenes la mirada de tu mamá- sentenció, no respondí incliné mi cabeza a un costado y lo mire muy seriamente.- Tenes los ojos de tu abuela y la mirada de tu mamá.
- Gracias... Que siga bien, hasta luego- estaba dispuesto a continuar mi camino cuando Franelita volvió a la carga.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Digame- le dije
- ¿Tenes problemas con la caída del pelo, vos?- preguntó con la impunidad de los locos.
- ¿Qué?
- Digo… se nota que tenes problema con el pelo- dijo señalándome la cabeza.- Que raro... Tu viejo tenía mucho pelo.
Lo mire seriamente, fue un largo silencio. Recordé el cabello de mi papá, negro azabache, como la misma noche.
- ¡Contestame!- grito el viejo.
- No se que quiere que le responda...- me incomode un poco.
- ¿Tenes problema con la caída del pelo, si o no?- y poco de ceniza cayo en una baldosa, mientras el tipo gesticulaba.
- Supongo que si- respondí, pensando en salir corriendo lo más lejos posible del loco de mierda.
- ¡Bife de hígado, pibe!- me dice, mientras se lleva sus dos manos a la altura de las orejas y hace el ademán de calzarse un gorro de lana.
- ¿Cómo?- lo mire desconcertado.
- Bife de hígado... acordate...- y diciendo esto, Franelita giró y empezó a caminar lentamente, dándome la espalda; lo seguí.- ¿Sabés? Los indios usaban hígado cortado en rodajas. El hígado tiene hierro, una vitamina necesaria para que fortalece las raíces. ¡Tenes que dejar que el líquido penetre, eh! ¿Entendiste?
- Si…
- Bien...- Franelita suspiro.- Todavía me acuerdo la noche que lleve a tu papá a la puerta de casa con las piernas rotas.
“Desgraciadamente, Franelita, yo también me acuerdo”, pensé.
- Y siempre se lo vamos a agradecer- fue lo único que llegue a decir.
- ¿Vos sabías la historia, no? ¿La del Francés, tu viejo y la mesera del Billarmonia? ¿La sabes o no?
- Si, la se...- pero claro, esa es otra historia.
- Bueno, acordate… ¡bife de hígado!- dijo y volvió a hacer el gesto de ponerse un gorro de lana.- Y gracias por el paquete de puchos…- dicho esto, cruzo Roosevelt y la vía de Miller, perdiéndose rumbo al Santuario de Jesús Misericordioso.
Por mi parte, cuando regresé de Triunvirato, pase por una carnicería. Una señora mayor tenía en la mano un Nación. Alcance a leer una de las noticias de costado: “La calvicie reduce el riesgo de cáncer de próstata” decía el título.
- ¿Qué llevas?- preguntó el carnicero.
- Voy a llevar…- había llegado la hora de la verdad.- Un kilo de nalga para milanesas… bien finitas.
A la noche, mientras preparaba las “pablinesas” (especialidad de la vida de casados), Victoria llegaba de trabajar.
- Dejo unas "pablinesas" en el freezer y tiro dos así te acompaño mientras cenas- le dije.
- ¿Vos no te ibas a lo de Martín?
- Si, pero bueno... no hay horario, vamos a pedir unas pizzas y (probablemente) debatir si abrazamos a Bruno en el aeropuerto o no- mire a Victoria unos minutos.- Che, Vick, estaba pensando... ¿A vos te gusta el bife de hígado?
- ¿Vos estas en pedo?
- Dicen que es bueno para la calvicie...- me justifique.- Pero no hay que comerlo, hay que...- agarre un milanesa e intente el ademán de colocármela en la cabeza.
- ¿Pero quien te pone esas ideas locas en la cabeza?
- Un amigo de mi viejo...
- El día que yo llegue de trabajar y te encuentre con un bife de hígado en la cabeza para que te crezca el pelo, es el mismo día que pido el divorcio, Pablo.
No hubo mucho mas que decir.
- Pibe, ¿tenes un cigarrillo?- le di a Franelita un Philip Morris, y rápidamente lo colocó en su boca mientras me miraba de costado.- ¿Me das otro para después de cenar?
- Claro- en el paquete había cinco puchos, me acordé que tenía otro cerrado en el morral.- Quedese con el paquete, tengo otro.
- Gracias, pibe…- el tipo no dejaba de mirarme, estudiándome, en silencios interminables.- Que raro...- murmuró al fin.
- ¿Cómo?
- Que raro... No te pareces en nada a tu viejo. Tus hermanas, si. Vos tenes la mirada de tu mamá- sentenció, no respondí incliné mi cabeza a un costado y lo mire muy seriamente.- Tenes los ojos de tu abuela y la mirada de tu mamá.
- Gracias... Que siga bien, hasta luego- estaba dispuesto a continuar mi camino cuando Franelita volvió a la carga.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Digame- le dije
- ¿Tenes problemas con la caída del pelo, vos?- preguntó con la impunidad de los locos.
- ¿Qué?
- Digo… se nota que tenes problema con el pelo- dijo señalándome la cabeza.- Que raro... Tu viejo tenía mucho pelo.
Lo mire seriamente, fue un largo silencio. Recordé el cabello de mi papá, negro azabache, como la misma noche.
- ¡Contestame!- grito el viejo.
- No se que quiere que le responda...- me incomode un poco.
- ¿Tenes problema con la caída del pelo, si o no?- y poco de ceniza cayo en una baldosa, mientras el tipo gesticulaba.
- Supongo que si- respondí, pensando en salir corriendo lo más lejos posible del loco de mierda.
- ¡Bife de hígado, pibe!- me dice, mientras se lleva sus dos manos a la altura de las orejas y hace el ademán de calzarse un gorro de lana.
- ¿Cómo?- lo mire desconcertado.
- Bife de hígado... acordate...- y diciendo esto, Franelita giró y empezó a caminar lentamente, dándome la espalda; lo seguí.- ¿Sabés? Los indios usaban hígado cortado en rodajas. El hígado tiene hierro, una vitamina necesaria para que fortalece las raíces. ¡Tenes que dejar que el líquido penetre, eh! ¿Entendiste?
- Si…
- Bien...- Franelita suspiro.- Todavía me acuerdo la noche que lleve a tu papá a la puerta de casa con las piernas rotas.
“Desgraciadamente, Franelita, yo también me acuerdo”, pensé.
- Y siempre se lo vamos a agradecer- fue lo único que llegue a decir.
- ¿Vos sabías la historia, no? ¿La del Francés, tu viejo y la mesera del Billarmonia? ¿La sabes o no?
- Si, la se...- pero claro, esa es otra historia.
- Bueno, acordate… ¡bife de hígado!- dijo y volvió a hacer el gesto de ponerse un gorro de lana.- Y gracias por el paquete de puchos…- dicho esto, cruzo Roosevelt y la vía de Miller, perdiéndose rumbo al Santuario de Jesús Misericordioso.
Por mi parte, cuando regresé de Triunvirato, pase por una carnicería. Una señora mayor tenía en la mano un Nación. Alcance a leer una de las noticias de costado: “La calvicie reduce el riesgo de cáncer de próstata” decía el título.
- ¿Qué llevas?- preguntó el carnicero.
- Voy a llevar…- había llegado la hora de la verdad.- Un kilo de nalga para milanesas… bien finitas.
A la noche, mientras preparaba las “pablinesas” (especialidad de la vida de casados), Victoria llegaba de trabajar.
- Dejo unas "pablinesas" en el freezer y tiro dos así te acompaño mientras cenas- le dije.
- ¿Vos no te ibas a lo de Martín?
- Si, pero bueno... no hay horario, vamos a pedir unas pizzas y (probablemente) debatir si abrazamos a Bruno en el aeropuerto o no- mire a Victoria unos minutos.- Che, Vick, estaba pensando... ¿A vos te gusta el bife de hígado?
- ¿Vos estas en pedo?
- Dicen que es bueno para la calvicie...- me justifique.- Pero no hay que comerlo, hay que...- agarre un milanesa e intente el ademán de colocármela en la cabeza.
- ¿Pero quien te pone esas ideas locas en la cabeza?
- Un amigo de mi viejo...
- El día que yo llegue de trabajar y te encuentre con un bife de hígado en la cabeza para que te crezca el pelo, es el mismo día que pido el divorcio, Pablo.
No hubo mucho mas que decir.
viernes, 4 de junio de 2010
En la vereda del sol
Regresábamos de Ezeiza. En el auto de adelante iban, Martín, Patricio y Bruno, recién llegado de Francia, con sus valijas de fantasmas, recuerdos y Nuria. El recuerdo de la prematura muerta de Nuria Vainilla era demasiado para mi cabeza, que pesaba cada vez más.
La mejor forma de matar una historia es contando otra. Escribir sobre lo escrito, sin buscar un hilo conductor, sin nada. Buscar una historia para escapar…
- ¿Se acuerdan que cuando volví de vacaciones mi hermana se había olvidado de pagar la luz de mi departamento?- no hubo respuesta.- Bueno… cuando iba a Triunvirato a pagar la luz me encontré con...- el sonido agudo y ensordecedor de la bocina del tren, rompió cualquier intento de conversación.
- Espera, Pablo- dijo Diego.- Empeza de nuevo…
Eso hice.
Como ya escribí en alguna ocasión, en Villa Urquiza tenemos dos o tres leyendas barriales. Estas son, la siniestra historia de la niñera de la calla Bucarelli, el simpático caso de Franelita y -la leyenda mística, no podía faltar- el bar escondido llamado Billarmonía. Me han dicho que hay muchas leyendas más, algunas historias urbanas tan misteriosas que ni ganas de investigarlas; pero estas tres son las principales. Y también comenté alguna vez que, gracias la buena dicha de ser un buen vecino, pude dar fe y cuenta de las tres leyendas más llamativas del barrio. Creo que es el agradecimiento del barrio por no haberlo dejado nunca. Por volver, siempre volver.
Recuerdo como si fuera hoy el día que conocí a Franelita (alias José Franela, alias Pepe Trapito, y algunos más que no vienen al caso). La primera vez que vi a Franelita estábamos jugando una Escondida en la usina abandonada de Coghlan. No viene al caso. Si quieren un dato accesorio fue “el último verano”. Si, y ocurrió algunos días después de la entrada de Nuria a la morgue del Pirovano. La historia de Nuria ya la conocen; y algún día contare las peripecias de aquella salvaje Escondida. Como les dije, no viene al caso. Esa fue la primera vez que vi a Franelita, pero no fue la última. Tengo que admitir que José Franela fue (es) un increíble personaje barrial, un ser tan misterioso como encantador... tan perturbador como loco.
Por eso mismo, cuando uno lo ve por la calle, lo mejor es cruzarse de vereda. Y eso mismo intente hacer cuando lo vi doblar por Valdenegro hacia Roosevelt… Pero claro, en esa misteriosa cuadra de la calle Roosevelt (entre Miller y Valdenegro) no hay vereda de enfrente… o mejor dicho: hay, pero solamente lleva a una cortada.
Granadas de humo no tenía; por lo tanto, lo mejor que podía hacer era hacerme el desentendido, abrir mi portafolio morral y aventurar la actuación de “estoy caminando y buscando algo”. Eso hice… también intente encender un cigarrillo, todo al mismo.
Franelita se acercaba a paso lento y cansado. Su cara acusaba el paso de los años; pero nadie sabe a ciencia cierta su verdadera edad. Muy pronto nuestros caminos se iban a cruzar, yo solamente pensaba “que no me hable, que no me hable, que no me hable, que no me hable”. Y no lo hizo, es más, podría jurar que ni siquiera me miro.
- ¿Pibe?- escuche la voz de Franelita detrás mío.
Me tome dos segundos para putear a mi hermana por olvidarse de pagar la luz, el teléfono, y quien sabe qué más, antes de darme vuelta y comenzar mi conversación con Franelita.
La mejor forma de matar una historia es contando otra. Escribir sobre lo escrito, sin buscar un hilo conductor, sin nada. Buscar una historia para escapar…
- ¿Se acuerdan que cuando volví de vacaciones mi hermana se había olvidado de pagar la luz de mi departamento?- no hubo respuesta.- Bueno… cuando iba a Triunvirato a pagar la luz me encontré con...- el sonido agudo y ensordecedor de la bocina del tren, rompió cualquier intento de conversación.
- Espera, Pablo- dijo Diego.- Empeza de nuevo…
Eso hice.
Como ya escribí en alguna ocasión, en Villa Urquiza tenemos dos o tres leyendas barriales. Estas son, la siniestra historia de la niñera de la calla Bucarelli, el simpático caso de Franelita y -la leyenda mística, no podía faltar- el bar escondido llamado Billarmonía. Me han dicho que hay muchas leyendas más, algunas historias urbanas tan misteriosas que ni ganas de investigarlas; pero estas tres son las principales. Y también comenté alguna vez que, gracias la buena dicha de ser un buen vecino, pude dar fe y cuenta de las tres leyendas más llamativas del barrio. Creo que es el agradecimiento del barrio por no haberlo dejado nunca. Por volver, siempre volver.
Recuerdo como si fuera hoy el día que conocí a Franelita (alias José Franela, alias Pepe Trapito, y algunos más que no vienen al caso). La primera vez que vi a Franelita estábamos jugando una Escondida en la usina abandonada de Coghlan. No viene al caso. Si quieren un dato accesorio fue “el último verano”. Si, y ocurrió algunos días después de la entrada de Nuria a la morgue del Pirovano. La historia de Nuria ya la conocen; y algún día contare las peripecias de aquella salvaje Escondida. Como les dije, no viene al caso. Esa fue la primera vez que vi a Franelita, pero no fue la última. Tengo que admitir que José Franela fue (es) un increíble personaje barrial, un ser tan misterioso como encantador... tan perturbador como loco.
Por eso mismo, cuando uno lo ve por la calle, lo mejor es cruzarse de vereda. Y eso mismo intente hacer cuando lo vi doblar por Valdenegro hacia Roosevelt… Pero claro, en esa misteriosa cuadra de la calle Roosevelt (entre Miller y Valdenegro) no hay vereda de enfrente… o mejor dicho: hay, pero solamente lleva a una cortada.
Granadas de humo no tenía; por lo tanto, lo mejor que podía hacer era hacerme el desentendido, abrir mi portafolio morral y aventurar la actuación de “estoy caminando y buscando algo”. Eso hice… también intente encender un cigarrillo, todo al mismo.
Franelita se acercaba a paso lento y cansado. Su cara acusaba el paso de los años; pero nadie sabe a ciencia cierta su verdadera edad. Muy pronto nuestros caminos se iban a cruzar, yo solamente pensaba “que no me hable, que no me hable, que no me hable, que no me hable”. Y no lo hizo, es más, podría jurar que ni siquiera me miro.
- ¿Pibe?- escuche la voz de Franelita detrás mío.
Me tome dos segundos para putear a mi hermana por olvidarse de pagar la luz, el teléfono, y quien sabe qué más, antes de darme vuelta y comenzar mi conversación con Franelita.
martes, 1 de junio de 2010
Virtual insanity
Los Sims. Para los que no conocen los Sims, son esos jueguitos de estrategia y simulación donde uno se inventa un personaje intentando desarrollar al máximo sus aptitudes sociales. La idea es “fabricarles” una vida a esta gente virtual, lograr que cumplan sus metas sociales, que convivan con otras personas, que lleven una vida "real", etc.
Cuando conocí a Victoria, ella y sus amigas eran fanáticas de este jueguito. Por supuesto que, cuando el tiempo de ocio lo permitía, Vicky me involucró en el “Mundo Sims”. Bien, entonces me di cuenta de mi poca jugabilidad en los Sims. Siempre me pintaba la perversidad de dejar al tipito virtual que yo había construido encerrado en el baño, o matarlo de hambre. Morbosidad virtual.
Por ejemplo: cuando un personaje tenía que ir al baño, yo hacía que otro personaje construya una pared en la puerta, para que el que había entrado no pueda salir. Cuando lso demás personajes de la casa se daban cuenta de lo que había el “personaje tapiador” se ponían en huelga de hambre, huelga de pis, y… Y bueno, yo me quedaba ahí esperando morbosamente quien se moría primero. Y así, uno a uno, iban cayendo.
Básicamente, lo mismo sucedió con Todas mis Ex. ¿Ah, no? ¿Qué todavía estoy a tiempo?
Arranquemos, entonces...
Cuando conocí a Victoria, ella y sus amigas eran fanáticas de este jueguito. Por supuesto que, cuando el tiempo de ocio lo permitía, Vicky me involucró en el “Mundo Sims”. Bien, entonces me di cuenta de mi poca jugabilidad en los Sims. Siempre me pintaba la perversidad de dejar al tipito virtual que yo había construido encerrado en el baño, o matarlo de hambre. Morbosidad virtual.
Por ejemplo: cuando un personaje tenía que ir al baño, yo hacía que otro personaje construya una pared en la puerta, para que el que había entrado no pueda salir. Cuando lso demás personajes de la casa se daban cuenta de lo que había el “personaje tapiador” se ponían en huelga de hambre, huelga de pis, y… Y bueno, yo me quedaba ahí esperando morbosamente quien se moría primero. Y así, uno a uno, iban cayendo.
Básicamente, lo mismo sucedió con Todas mis Ex. ¿Ah, no? ¿Qué todavía estoy a tiempo?
Arranquemos, entonces...
viernes, 2 de abril de 2010
El viento te lo dirá
La puerta de la guardia se abrió. Bruno estaba un poco pálido, Martín lo acompañaba sosteniéndolo un poco. “Debilidad en las piernas, tensión en el pecho, el corazón a mil, dificultad para respirar”, eso le dijeron a Martín en la salita de emergencia hospitalaria de Ezeiza. Bruno había tenido su primer ataque de pánico.
- Menos mal, si tardaban más, iba a perder el poco pelo que me quede- tire al aire intentando robar alguna sonrisa.
- Estas igual, Pablo- murmuró Bruno dejando escapar una sonrisa.
Caminamos en silencio hasta la salida de vehículos, nos dividimos en dos autos. Martín ofreció su casa para tomar un café, y todos aceptamos. En el primer auto viajaban Bruno, con Patricio y Martín al volante. En el auto de Diego, nos trepamos con Mariana.
- ¿Dónde va a estar parando Bruno?- preguntó Diego.
- En la casa de Acha- respondió Mariana.- Me estremezco de solo pensar eso. Sólo en la casa de sus viejos, de su hermana, con tantos recuerdos…
- Tantos fantasmas- dije.
Viajamos en silencio durante un buen rato. Acababa de perder toda una tarde, en recuperar a Bruno, que ni siquiera sabía si quería tenerlo de nuevo en mi vida. Además, el encuentro con Bruno traía de regalo el recuerdo de Nuria. Nunca había pensando en Nuria Vainilla con tanta intensidad. La muerte… Tenía que encontrar una vía de escape, una ruta segura para que el regreso no fuera tan malo… tan caótico y deprimente. Por la ventanilla, entraba un viento tibio, calido... cerré los ojos y suspiré.
- Che, ¿les conté que las personas que se quedan peladas antes de los 30 tienen menos probabilidades de contraer cáncer de próstata?- pregunté, había encontrado el túnel para escaparme.
- ¿De nuevo?- suspiró Mariana.
- Lo de la testosterona, dijiste- Diego estaba haciendo uso de su memoria de colibrí.
- Si, eso. Lo de la testosterona… Lo que no sólo convierte a los pelados como yo en terribles máquinas del garche, sino que nos hace inmune al cáncer de próstata- me acomodé en el asiento de atrás, sonreí.- Lo que nos les conté fue cuando me enteré de esto…
- ¿Revista Muy Interesante?- preguntó Mariana, habíamos llegado a una barrera baja.
- No… ¿Se acuerdan que cuando volví de vacaciones mi hermana se había olvidado de pagar la luz de mi departamento?- no espere ninguna respuesta, el tren cruzó la barrera dejando entrar un viento caliente en el coche.- Bueno… cuando iba a Triunvirato a pagar la luz me encontré con…
El sonido agudo y ensordecedor de la bocina del tren, rompió cualquier intento de conversación.
- Espera, Pablo…- dijo Diego.- Empeza de nuevo…
Eso hice.
- Menos mal, si tardaban más, iba a perder el poco pelo que me quede- tire al aire intentando robar alguna sonrisa.
- Estas igual, Pablo- murmuró Bruno dejando escapar una sonrisa.
Caminamos en silencio hasta la salida de vehículos, nos dividimos en dos autos. Martín ofreció su casa para tomar un café, y todos aceptamos. En el primer auto viajaban Bruno, con Patricio y Martín al volante. En el auto de Diego, nos trepamos con Mariana.
- ¿Dónde va a estar parando Bruno?- preguntó Diego.
- En la casa de Acha- respondió Mariana.- Me estremezco de solo pensar eso. Sólo en la casa de sus viejos, de su hermana, con tantos recuerdos…
- Tantos fantasmas- dije.
Viajamos en silencio durante un buen rato. Acababa de perder toda una tarde, en recuperar a Bruno, que ni siquiera sabía si quería tenerlo de nuevo en mi vida. Además, el encuentro con Bruno traía de regalo el recuerdo de Nuria. Nunca había pensando en Nuria Vainilla con tanta intensidad. La muerte… Tenía que encontrar una vía de escape, una ruta segura para que el regreso no fuera tan malo… tan caótico y deprimente. Por la ventanilla, entraba un viento tibio, calido... cerré los ojos y suspiré.
- Che, ¿les conté que las personas que se quedan peladas antes de los 30 tienen menos probabilidades de contraer cáncer de próstata?- pregunté, había encontrado el túnel para escaparme.
- ¿De nuevo?- suspiró Mariana.
- Lo de la testosterona, dijiste- Diego estaba haciendo uso de su memoria de colibrí.
- Si, eso. Lo de la testosterona… Lo que no sólo convierte a los pelados como yo en terribles máquinas del garche, sino que nos hace inmune al cáncer de próstata- me acomodé en el asiento de atrás, sonreí.- Lo que nos les conté fue cuando me enteré de esto…
- ¿Revista Muy Interesante?- preguntó Mariana, habíamos llegado a una barrera baja.
- No… ¿Se acuerdan que cuando volví de vacaciones mi hermana se había olvidado de pagar la luz de mi departamento?- no espere ninguna respuesta, el tren cruzó la barrera dejando entrar un viento caliente en el coche.- Bueno… cuando iba a Triunvirato a pagar la luz me encontré con…
El sonido agudo y ensordecedor de la bocina del tren, rompió cualquier intento de conversación.
- Espera, Pablo…- dijo Diego.- Empeza de nuevo…
Eso hice.
martes, 30 de marzo de 2010
Interludio musical
La banda favorita de Sandra MuchoTiempo era Depeche Mode. Y en este recorrido incierto por los laberintos de mi memoria, ella traía música para escuchar y ahí nos quedabamos, escuchando, bailando, durmiendo. Algunos temas de Depeche Mode tienen esa onda “drama y melancolía” que te transportan a un estado de conciencia superior. No miento, el mejor ejercicio es escuchar un live de Enjoy the silence una noche lluviosa, con las luces de la calle entrando por la ventana.
Postales. La recuerdo bailando mientras yo la miraba desde el sofá, y ella caminaba hasta sentarse sobre mis piernas. La sonrisa en su rostro de bailarina, nuestra primera vez, mi primera vez, sus ojos marrones, su pelo negro brillante. Siempre tuve la sensación de qué cada canción de Depeche Mode se convertiría en pequeños himnos, postales de diferentes momentos con Sandra. No me equivoque.
Muchos años más tarde, Sandra MuchoTiempo me dejó, pero su música -ni idea por qué- se quedó.
Precisamente por eso, cuando en junio del año pasado internaron Sandra por un intento de suicidio mal concebido, fuí a mi casa, agarre 101, un viejo disc-man Sony, y le pedí al primer taxi que se cruzo en mi camino que me deje en la puerta de la clínica.
Una postal... su sonrisa cuando me vio entrar en la habitación.
Pedazos de una historia que pronto vendrá.
Postales. La recuerdo bailando mientras yo la miraba desde el sofá, y ella caminaba hasta sentarse sobre mis piernas. La sonrisa en su rostro de bailarina, nuestra primera vez, mi primera vez, sus ojos marrones, su pelo negro brillante. Siempre tuve la sensación de qué cada canción de Depeche Mode se convertiría en pequeños himnos, postales de diferentes momentos con Sandra. No me equivoque.
Muchos años más tarde, Sandra MuchoTiempo me dejó, pero su música -ni idea por qué- se quedó.
Precisamente por eso, cuando en junio del año pasado internaron Sandra por un intento de suicidio mal concebido, fuí a mi casa, agarre 101, un viejo disc-man Sony, y le pedí al primer taxi que se cruzo en mi camino que me deje en la puerta de la clínica.
Una postal... su sonrisa cuando me vio entrar en la habitación.
Pedazos de una historia que pronto vendrá.
viernes, 26 de marzo de 2010
Aeropuerto 2010
La llegada de Bruno fue muy emotiva. Mariana, Patricio y Martín lo abrazaron durante un largo tiempo. Diego y yo no tanto. Por mi parte, le di uno de esos abrazos de palmada y sonrisa. Del abrazo de Diego no puedo decir demasiado, no preste atención. Bruno tenía la misma sonrisa que todos recordábamos, eso ayudo bastante. Martín fue el conductor de la charla por el hall de Ezeiza, lo cual agradecimos todos. Si bien la mayoría de nosotros tenía un cierto grado de ansiedad bastante manejable, jamás me hubiera imaginado que Bruno se llevaba el premio.
- Necesito sentarme un segundo- dijo Bruno mientras se tiraba sobre unas sillas.
Mariana Pizza miró a Martín, Martín miró a Patricio, Patricio me miro a… Bueno, la triangulación de miradas me incomodo un poco, lo admito. Pude escuchar la respiración de Bruno, el aire entrando por la nariz a raudales, llenando los pulmones y luego, muy despacio, dejando su cuerpo por la boca.
- ¿Te sentís bien, Bruno?- preguntó Diego.
- Evidentemente, no- murmuré.
- No- respondió el recién llegado, sacando un pañuelo en el bolsillo y limpiándose la frente.- Me duelen las piernas.
- Ya vengo...-dijo Martín, alejandose.
- Tendría que haber venido Richard- pensé en voz alta. (Richard es médico).
- Si, pero todavía no se recibió…- dijo Pato.
- ¡Tiene 38 años! ¿No se recibió?- pregunté.- Pense que sí.
- Creo que le faltan dos materias…- explico Patricio.
- Bueno… dos materias, es médico- dijo Diego intentando poner fin a la discusión.
- No, le faltan dos materias. Si le faltan dos materias, no es medico- Patricio, continuaba discutiendo y Bruno seguía sin poder articular una respiración decente.
- Es médico, Pato.
- No le faltan dos materias, Diego.
Repentinamente, tuve la sensación de estar esperando que un super-meteorito venga a estrellarse contra la Tierra.
Y (dejenme decirles algo) cuando uno tiene esa sensación, solamente quedan dos posiblidades: o que todos mueran, o que alguien haga algo.
Lo que sí estaba claro es que a Bruno le resultaba cada vez más difícil respirar.
Por lo tanto, alguien tenía que hacer algo.
Y como casi siempre sucede en estos casos: Martín siempre termina salvando el día. Llegó acompañado por dos guardistas de la sala de emergencias, y se llevaron a Bruno a la guardia hospitalaria del aeropuerto.
Bienvenido, Bruno.
- Necesito sentarme un segundo- dijo Bruno mientras se tiraba sobre unas sillas.
Mariana Pizza miró a Martín, Martín miró a Patricio, Patricio me miro a… Bueno, la triangulación de miradas me incomodo un poco, lo admito. Pude escuchar la respiración de Bruno, el aire entrando por la nariz a raudales, llenando los pulmones y luego, muy despacio, dejando su cuerpo por la boca.
- ¿Te sentís bien, Bruno?- preguntó Diego.
- Evidentemente, no- murmuré.
- No- respondió el recién llegado, sacando un pañuelo en el bolsillo y limpiándose la frente.- Me duelen las piernas.
- Ya vengo...-dijo Martín, alejandose.
- Tendría que haber venido Richard- pensé en voz alta. (Richard es médico).
- Si, pero todavía no se recibió…- dijo Pato.
- ¡Tiene 38 años! ¿No se recibió?- pregunté.- Pense que sí.
- Creo que le faltan dos materias…- explico Patricio.
- Bueno… dos materias, es médico- dijo Diego intentando poner fin a la discusión.
- No, le faltan dos materias. Si le faltan dos materias, no es medico- Patricio, continuaba discutiendo y Bruno seguía sin poder articular una respiración decente.
- Es médico, Pato.
- No le faltan dos materias, Diego.
Repentinamente, tuve la sensación de estar esperando que un super-meteorito venga a estrellarse contra la Tierra.
Y (dejenme decirles algo) cuando uno tiene esa sensación, solamente quedan dos posiblidades: o que todos mueran, o que alguien haga algo.
Lo que sí estaba claro es que a Bruno le resultaba cada vez más difícil respirar.
Por lo tanto, alguien tenía que hacer algo.
Y como casi siempre sucede en estos casos: Martín siempre termina salvando el día. Llegó acompañado por dos guardistas de la sala de emergencias, y se llevaron a Bruno a la guardia hospitalaria del aeropuerto.
Bienvenido, Bruno.
martes, 23 de marzo de 2010
Doe, a deer, a female deer...
“Esperar” puede ser un proceso caótico. Odio los silencios incómodos (a menos que yo los genere, por supuesto). Ahí estábamos, sentados en algunas sillas de espera de Ezeiza. Diego comía semillas de girasol. Martín miraba la hora cada 5 minutos. Patricio caminaba, se lo veía ansioso. Por mi parte, me cruce de brazos y espere, en silencio. Entonces me di cuenta que el silencio no era una buena compañía para ese momento.
- ¿Ustedes sabían que las personas que se quedan peladas antes de los 30 tienen menos probabilidades de contraer cáncer de próstata?- pregunté, mientras Mariana suspiraba y ponía esa mirada de “oh no... conversación de hombres y de nuevo yo en el medio”.
- Tranquila, Mariana... Vos sabes que para nosotros, tenes “pitito”- dijo Diego.
- Es por una hormona... como que la queremos “poner” a cada rato... Se llama testosterona. Esa es la hormona que nos hace inmune al cáncer de próstata.
Y de nuevo el silencio. Gabriel, Richard, Agustín y Alejandro fueron a recibir a Bruno. De Agustín no me sorprendió. Los demás, tenían que laburar. Bueno, en teoría yo también tenía que laburar... Tantas cosas que hacer y tan poco tiempo. ¿Qué carajo estaba haciendo ahí? Eso es lo malo de los silencios incómodos... uno termina pensando y preguntándose estupideces.
- Como me calientan las azafatas...- dije.
- Estaba pensando lo mismo- Diego.
- Yo también...- suspiró Martín.
- Una vez me garche una azafata- dijo Patricio.
- ¡Dejate de joder!- se indignó Diego.- Eso es mentira...
- ¿Cómo sabés?- preguntó Patricio.
- Pato... si te hubieras garchado una azafata, lo primero que hacías después de acabar era mandar mensajitos por celular a todos...- dijo Mariana.
- La boquita, Mariana...- dijo Martín.
- Que fina la condesa- suspire.
En la tensa espera, Mariana Pizza mantenía un respetuoso silencio. Sin embargo, hay algo que Mariana no puede controlar: su mirada. Tiene un don, es una de las pocas personas que conozco que puede reírse con los ojos...
- Doe...- murmuró Mariana.
- ¿Que?- Diego, comiendo semillitas.
- Doe... a deer...- continuo Mariana.
- A female deer...- sonrio Martin.
- ¿Que pasa? ¿Que pasa? ¿Por qué estan hablando en inglés?- Diego, exasperado.
- Que memoria...- suspire.- The sound of music.
- Me suena...
- La novicia rebelde, Diego... La novicia rebelde. Sabes que hay algo que todavía no puedo creer... ¿Casi 13 años en un colegio doble escolaridad, y todavía hay que traducirte los títulos de las películas? Pobre tu vieja, se debe querer matar... La guita que gasto al pedo- dije indignado.
- Callate, boludo... ¿Y vos? ¿O no te acordas las canciones que le grabaste a Victoria cuando cumplieron 3 años de novios? Tu inglés apesta, Pablo... Hay copias de esas canciones en internet, deberías tener cuidado- dijo Martín.
- Gracias, Martín- Diego le ofrecio semillas de girasol a Martín.
- Miren... para que sepan: mi inglés es pésimo, pero es porque tengo un “problemita”. No retengo la buena pronunciación, pero entiendo todo... no necesito que me traduzcan nada- me justifique.
- Pobre tu vieja, se debe querer matar... La guita que gasto al pedo...- sonrió Diego.
- En fin... ¿les conté a quién me encontré el otro día cuando fui a pagar los impuestos para que no me corten la luz?- intente cambiar de tema.
- Contamos... pero en inglés- dijo Diego, obviamente mi estrategia fue pésima.
- ¡Ahora no te cuento nada, pelotudo!
- Chicos, ahí llego el avión de Bruno...- anunció Patricio.
Otra vez el silencio.
- Che...- Diego, inaudible.- Al final... ¿Lo abrazamos o no?
- ¿Ustedes sabían que las personas que se quedan peladas antes de los 30 tienen menos probabilidades de contraer cáncer de próstata?- pregunté, mientras Mariana suspiraba y ponía esa mirada de “oh no... conversación de hombres y de nuevo yo en el medio”.
- Tranquila, Mariana... Vos sabes que para nosotros, tenes “pitito”- dijo Diego.
- Es por una hormona... como que la queremos “poner” a cada rato... Se llama testosterona. Esa es la hormona que nos hace inmune al cáncer de próstata.
Y de nuevo el silencio. Gabriel, Richard, Agustín y Alejandro fueron a recibir a Bruno. De Agustín no me sorprendió. Los demás, tenían que laburar. Bueno, en teoría yo también tenía que laburar... Tantas cosas que hacer y tan poco tiempo. ¿Qué carajo estaba haciendo ahí? Eso es lo malo de los silencios incómodos... uno termina pensando y preguntándose estupideces.
- Como me calientan las azafatas...- dije.
- Estaba pensando lo mismo- Diego.
- Yo también...- suspiró Martín.
- Una vez me garche una azafata- dijo Patricio.
- ¡Dejate de joder!- se indignó Diego.- Eso es mentira...
- ¿Cómo sabés?- preguntó Patricio.
- Pato... si te hubieras garchado una azafata, lo primero que hacías después de acabar era mandar mensajitos por celular a todos...- dijo Mariana.
- La boquita, Mariana...- dijo Martín.
- Que fina la condesa- suspire.
En la tensa espera, Mariana Pizza mantenía un respetuoso silencio. Sin embargo, hay algo que Mariana no puede controlar: su mirada. Tiene un don, es una de las pocas personas que conozco que puede reírse con los ojos...
- Doe...- murmuró Mariana.
- ¿Que?- Diego, comiendo semillitas.
- Doe... a deer...- continuo Mariana.
- A female deer...- sonrio Martin.
- ¿Que pasa? ¿Que pasa? ¿Por qué estan hablando en inglés?- Diego, exasperado.
- Que memoria...- suspire.- The sound of music.
- Me suena...
- La novicia rebelde, Diego... La novicia rebelde. Sabes que hay algo que todavía no puedo creer... ¿Casi 13 años en un colegio doble escolaridad, y todavía hay que traducirte los títulos de las películas? Pobre tu vieja, se debe querer matar... La guita que gasto al pedo- dije indignado.
- Callate, boludo... ¿Y vos? ¿O no te acordas las canciones que le grabaste a Victoria cuando cumplieron 3 años de novios? Tu inglés apesta, Pablo... Hay copias de esas canciones en internet, deberías tener cuidado- dijo Martín.
- Gracias, Martín- Diego le ofrecio semillas de girasol a Martín.
- Miren... para que sepan: mi inglés es pésimo, pero es porque tengo un “problemita”. No retengo la buena pronunciación, pero entiendo todo... no necesito que me traduzcan nada- me justifique.
- Pobre tu vieja, se debe querer matar... La guita que gasto al pedo...- sonrió Diego.
- En fin... ¿les conté a quién me encontré el otro día cuando fui a pagar los impuestos para que no me corten la luz?- intente cambiar de tema.
- Contamos... pero en inglés- dijo Diego, obviamente mi estrategia fue pésima.
- ¡Ahora no te cuento nada, pelotudo!
- Chicos, ahí llego el avión de Bruno...- anunció Patricio.
Otra vez el silencio.
- Che...- Diego, inaudible.- Al final... ¿Lo abrazamos o no?
viernes, 19 de marzo de 2010
Un montón de nada
Dicen que los reencuentros después de tantos años, siempre son hiper emocionantes.
Martín fue el primero en enterarse de la llegada de Bruno. Realmente nos tomó por sorpresa a todos, no esperabamos semejante noticia. Habían pasado casi 20 años desde que Bruno se fue vivir a Francia. ¿Toda una vida? Y ahora volvía a Villa Urquiza, tanto tiempo después, convertido en el hombre en que nos habíamos convertido todos. Mientras comíamos la pizza (y empanadas) de los martes, en el departamento de Martín, nos sorprendimos recordando viejas andanzas (como casi siempre). Sin embargo, el pasado se cerró para nosotros dejando paso a las conjeturas de aquel futuro incierto que no habíamos compartido y -sobre todo- un presente neblinoso.
- ¿Lo tenemos que abrazar?- preguntó Diego.
- Creo que sí- pensé.- Si, ¿por qué, no? ¿No te pone contento?
- Es Bruno, boludo- dijo Patricio.
- Para, para… ¿alguno de ustedes mantuvo contacto con él?- seguía Diego con su pesquiza. Mientras Martín sacaba dos cervezas del freezer se hizo un silencio bastante incómodo.
- Es que… antes no era tan fácil como ahora, Die- dijo Pato.- ¿No nos escribíamos cartas?
- Las cartas le llegaban a Martín pero eran para todos. Quedamos que iba a ser un kilombo que mande una carta para uno… ¿No te acordas?- le dije.
- ¡Las cartas!- Martín fue a buscar la caja de madera donde guardaba todas las (pelotudeces) cosas que no sabía donde guardar. Abrió la caja y empezó a sacar fotos, papeles, cartas, entradas de cine.- No están…- dijo mirándonos a todos.
- ¿Las cartas de Bruno no están ni siquiera en tu caja de pelotudeces?- pregunté.
- ¿Cómo “pelotudeces”? Esta es nuestra historia…
- Dejate de joder, mejor me voy a fumar un pucho a la cocina…- señale la caja de "pelotudeces".- No se ustedes, pero yo a eso lo llamo “una señal”.
- Pablo tiene razón- habló Agustín, que por suerte había tenido la sutileza de quedarse callado hasta el momento, pero su participación ya era inevitable.- Las cartas no aparecen, nosotros no vamos. Punto.
- Por ahí te las dejaste en la casa de tu vieja cuando te mudaste acá, Marti- Pato siempre tan esperanzador.
- Si, pero igualmente, no voy a ir a lo de mi vieja a buscarlas ahora.
- ¿Vale la pena?- preguntó Diego.
- ¿Ir a buscar las cartas, abrazar a Bruno o qué?- Agustín, de nuevo. Ese era el peligro de Agustín... dejarlo hablar, el tipo con mas veneno que conocí en mi vida.- Sos un boludo.
- No se…
- Yo voy a ir a esperarlo a Ezeiza- dijo Pato.- Si alguien se prende estaría copado... No creo que lo vaya a esperar mucha gente
- Si… estaría bueno, chicos- propuso Martín.
- ¿Y la vieja de Bruno?- pregunté. Se hizo un silencio, bastante pesado.- ¿Qué pasa?
- ¿No te enteresaste?- dijo Martín.
- ¿No te enteraste lo que le pasó a la vieja?- Pato se puso demasiado serio.
- No- improvise un cenicero con un pocillo de cafe.
- Se tiró a principios de enero en Drago… al tren. Bruno viene para arreglar algunos temas de sucesión de la casa de Rivera- dijo Martín.
- ¿Se treneo la loca de la escoba?- Agustin hizo una mueca que intentaba ser un poco de sorpresa y cinismo.
- Agustín... Callate... Callate, Agustín. Aunque sea un minuto... Callate- me acerqué a Pato.- Me estas jodiendo...
- Boludo, que garrón… venir después de casi 20 años porque tu vieja se treneó, dejate de joder. ¿Qué te queda? Nada… ni siquiera nosotros… ni las cartas…- Diego estaba tan sorprendido como yo.- ¿Y cuando estaría llegando, Martín?
- El martes que viene, chicos.
No me había dado cuenta, pero mi cigarrillo se estaba consumiento sólo en el cenicero. El silencio se hizo dueño del living. El ruido del timbre nos sobresalto un poco.
- ¿Hola?- dijo Martín por el portero electrico.- Suban... Bueno, estan subiendo Richard, Alejandro y Gabriel...
Por suerte, Alejandro se había acordado de traer mas cerveza. Comimos en silencio... Nadie toco las empanadas de humita.
- ¿Quien es el pelotudo que siempre pide empanadas de humita y nunca se las come?- pregunto Diego.
- Bueno, si quieren...- dije, mirando a Diego.- Como para cortar el clima, les pudo contar con quién me encontre hoy en Triunvirato cuando fuí a pagar la luz que mi hermana se olvido de pagar...
- ¡Con quién!- preguntó Diego.
- Bueno, resulta que fuí a Triunvirato... Patricia se lvido de pagarme la luz, y bueno... Fuí a pagar y...
- Yo digo que votemos- interrumpió Martín.
- ¿Qué?- dijo Diego agitando la empanada.
- Ahora que estamos todos, que votemos...- Martín nos miro seriamente a todos.- Los que quieran ir a buscar a Bruno a Ezeiza que levanten la mano...
Y votamos...
Dicen que a veces se vuelve por necesidad... otras por fuerza mayor. Pero que al fin y al cabo, siempre se vuelve.
Y nosotros decidiendo el abrazo largamente postergado en una votación de mano alzada.
Martín fue el primero en enterarse de la llegada de Bruno. Realmente nos tomó por sorpresa a todos, no esperabamos semejante noticia. Habían pasado casi 20 años desde que Bruno se fue vivir a Francia. ¿Toda una vida? Y ahora volvía a Villa Urquiza, tanto tiempo después, convertido en el hombre en que nos habíamos convertido todos. Mientras comíamos la pizza (y empanadas) de los martes, en el departamento de Martín, nos sorprendimos recordando viejas andanzas (como casi siempre). Sin embargo, el pasado se cerró para nosotros dejando paso a las conjeturas de aquel futuro incierto que no habíamos compartido y -sobre todo- un presente neblinoso.
- ¿Lo tenemos que abrazar?- preguntó Diego.
- Creo que sí- pensé.- Si, ¿por qué, no? ¿No te pone contento?
- Es Bruno, boludo- dijo Patricio.
- Para, para… ¿alguno de ustedes mantuvo contacto con él?- seguía Diego con su pesquiza. Mientras Martín sacaba dos cervezas del freezer se hizo un silencio bastante incómodo.
- Es que… antes no era tan fácil como ahora, Die- dijo Pato.- ¿No nos escribíamos cartas?
- Las cartas le llegaban a Martín pero eran para todos. Quedamos que iba a ser un kilombo que mande una carta para uno… ¿No te acordas?- le dije.
- ¡Las cartas!- Martín fue a buscar la caja de madera donde guardaba todas las (pelotudeces) cosas que no sabía donde guardar. Abrió la caja y empezó a sacar fotos, papeles, cartas, entradas de cine.- No están…- dijo mirándonos a todos.
- ¿Las cartas de Bruno no están ni siquiera en tu caja de pelotudeces?- pregunté.
- ¿Cómo “pelotudeces”? Esta es nuestra historia…
- Dejate de joder, mejor me voy a fumar un pucho a la cocina…- señale la caja de "pelotudeces".- No se ustedes, pero yo a eso lo llamo “una señal”.
- Pablo tiene razón- habló Agustín, que por suerte había tenido la sutileza de quedarse callado hasta el momento, pero su participación ya era inevitable.- Las cartas no aparecen, nosotros no vamos. Punto.
- Por ahí te las dejaste en la casa de tu vieja cuando te mudaste acá, Marti- Pato siempre tan esperanzador.
- Si, pero igualmente, no voy a ir a lo de mi vieja a buscarlas ahora.
- ¿Vale la pena?- preguntó Diego.
- ¿Ir a buscar las cartas, abrazar a Bruno o qué?- Agustín, de nuevo. Ese era el peligro de Agustín... dejarlo hablar, el tipo con mas veneno que conocí en mi vida.- Sos un boludo.
- No se…
- Yo voy a ir a esperarlo a Ezeiza- dijo Pato.- Si alguien se prende estaría copado... No creo que lo vaya a esperar mucha gente
- Si… estaría bueno, chicos- propuso Martín.
- ¿Y la vieja de Bruno?- pregunté. Se hizo un silencio, bastante pesado.- ¿Qué pasa?
- ¿No te enteresaste?- dijo Martín.
- ¿No te enteraste lo que le pasó a la vieja?- Pato se puso demasiado serio.
- No- improvise un cenicero con un pocillo de cafe.
- Se tiró a principios de enero en Drago… al tren. Bruno viene para arreglar algunos temas de sucesión de la casa de Rivera- dijo Martín.
- ¿Se treneo la loca de la escoba?- Agustin hizo una mueca que intentaba ser un poco de sorpresa y cinismo.
- Agustín... Callate... Callate, Agustín. Aunque sea un minuto... Callate- me acerqué a Pato.- Me estas jodiendo...
- Boludo, que garrón… venir después de casi 20 años porque tu vieja se treneó, dejate de joder. ¿Qué te queda? Nada… ni siquiera nosotros… ni las cartas…- Diego estaba tan sorprendido como yo.- ¿Y cuando estaría llegando, Martín?
- El martes que viene, chicos.
No me había dado cuenta, pero mi cigarrillo se estaba consumiento sólo en el cenicero. El silencio se hizo dueño del living. El ruido del timbre nos sobresalto un poco.
- ¿Hola?- dijo Martín por el portero electrico.- Suban... Bueno, estan subiendo Richard, Alejandro y Gabriel...
Por suerte, Alejandro se había acordado de traer mas cerveza. Comimos en silencio... Nadie toco las empanadas de humita.
- ¿Quien es el pelotudo que siempre pide empanadas de humita y nunca se las come?- pregunto Diego.
- Bueno, si quieren...- dije, mirando a Diego.- Como para cortar el clima, les pudo contar con quién me encontre hoy en Triunvirato cuando fuí a pagar la luz que mi hermana se olvido de pagar...
- ¡Con quién!- preguntó Diego.
- Bueno, resulta que fuí a Triunvirato... Patricia se lvido de pagarme la luz, y bueno... Fuí a pagar y...
- Yo digo que votemos- interrumpió Martín.
- ¿Qué?- dijo Diego agitando la empanada.
- Ahora que estamos todos, que votemos...- Martín nos miro seriamente a todos.- Los que quieran ir a buscar a Bruno a Ezeiza que levanten la mano...
Y votamos...
Dicen que a veces se vuelve por necesidad... otras por fuerza mayor. Pero que al fin y al cabo, siempre se vuelve.
Y nosotros decidiendo el abrazo largamente postergado en una votación de mano alzada.
martes, 16 de marzo de 2010
Cero mensaje en el contestador
Ojalá, pero no.
Mensaje de Elizabeth Veterana
Mensaje de Alejandro
Mensaje de Gabriel
Mensaje de Martín
Mensaje de Mariana
Mensaje de Patricia
Elige tu propio mensaje... empezamos, nomás.
¿Por dónde?
No se.
Mensaje de Elizabeth Veterana
Pablo, soy Elizabeth... como estas? Espero que bien, hace un par de meses estoy pensando en vos. Surgió un tema de laburo, algo de prensa orgánica. Me gustaría charlar con vos personalmente, es una propuesta interesante. ¿Como te ves para escribir gacetillas políticas para una grilla de medios pautados? También habría que cubrir algunas conferencias en el congreso. Necesitaría que me confirmes antes del 1ero de marzo, ese día se empieza a sesionar... y quiero arreglar el tema de las acreditaciones. Llamame así te comento un poco mejor.
Mensaje de Alejandro
¡Pablitooo! Tengo que hablar con vos, llamame ni bien llegues. ¿Te acordas del material de stand up que cediste para la obra de mi amigo Carlos? ¿El monologo de las obsesiones? Bueno, llamame, el actor que lo estaba tirando en el teatro tuvo un accidente, nada grave, pero bueno... Bueno, el productor me dijo que te pregunte si no te interesaría subirte y decirlo vos... Te pagan la fecha, eh. No se, fijate... Ah, escuchame, otra cosa... ¿Te llamó Martín? ¡No sabes lo que paso, boludo! Nos tenemos que ver... Beso, llame cuando llegues, no te cuelgues.
Mensaje de Gabriel
Pablo, todo bien con la productora de eventos, tome 7 entrevistas, y voy cerrando la creatividad de la fiestas. Nada, espero que la estes pasando bien. Te dejo este mensaje porque se que me vas a llamar desesperado cuando llegues para ver como va todo. Con el tema de la editorial, necesitaría dos cuentos: misma temática que los anteriores. Esto es recién para marzo, así que tranca. ¿Hablaste con Martín? Terrible noticia... la verdad quede de culo. Bueno... nos tenemos que ver. Abrazo.
Mensaje de Martín
Pablo... Recibí una llamada de Bruno. Esta llegando a Buenos Aires a mediados de febrero. Falleció la vieja... Tenemos que juntarnos con los chicos, habría que ir a buscarlo a Ezeiza, no se. Llamame cuando llegues.
Mensaje de Mariana
¿Señor Vanucci, como le va? Llego la hora de cumplir mi promesa... un poco tarde, una amiga locutora quiere armar un programa, le propuse a vos y a Gabriel para la producción de contenidos. Me encantaría... Ah, si, la promesa... es pelirroja. Locutora y pelirroja... Bueno, vos estas casado... pero yo cumplo mis promesas, jajaja. Hablando en serio... Vuelve Bruno, terrible lo que le pasó a la vieja. Besos, pensa lo del programa.
Mensaje de Patricia
Pabli... mamá se fue de vacaciones, me dejo los servicios de tu depto para que los pague... pero me salió un viajecito a la costa. En fin, nada, que no los pague... Sorry, te deje la plata en casa, pasa a buscarla antes que te corten la luz. Besitos.
Elige tu propio mensaje... empezamos, nomás.
¿Por dónde?
No se.
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